Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 30 Noviembre, 2015

Huir de la guerra, del terror, del hambre, de la muerte, no es igual que escapar de un régimen sin libertad de expresión individual

De los cubanos y otros

Más de 2.500 cubanos están varados en Peñas Blancas desde hace 15 días porque Nicaragua no solo decidió impedirles el paso hacia el norte sino que los repelió con violencia.
No es la primera vez ni será la última (porque siguen llegando a Costa Rica) que los ciudadanos de la isla pasen por Centroamérica rumbo a Estados Unidos. Quieren aprovechar dos circunstancias, una nueva y otra que pronto desaparecerá.
La nueva es que Ecuador ya no les pide visa para ingresar a su territorio, es el único país continental de América Latina que les ofrece libre entrada. Es una opción mucho más segura que subirse a una balsa y tratar de llegar sano y salvo a la Florida. Toman un avión hasta el centro del mundo y emprenden su caminata hacia el sueño americano.
Un sueño que, para ellos, será más difícil de alcanzar. Porque la circunstancia que pronto desaparecerá es la Ley de Ajuste Cubano (conocida como la política de pies secos-pies mojados), que estipula que todo isleño que pise tierra estadounidense tendrá una serie de ventajas migratorias y económicas.
A pocos días para que se cumpla un año del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, Obama, antes de irse, posiblemente elimine dicha ley y cierre Guantánamo.
Conscientes de que puede ser su última oportunidad, los inmigrantes cubanos han aumentado considerablemente en número y, con ellos, el espantoso negocio del tráfico de personas que, en nuestro país (justamente por ser zona de paso), es tan común.
A inicios de noviembre, la policía nacional desarticuló una banda que cobraba miles de dólares a asiáticos, africanos y cubanos. Sin embargo, el gobierno de Costa Rica, días después, no deportó a los miles de cubanos que entraron desde Panamá: por razones humanitarias les ofreció un salvoconducto para que continuaran su camino y listo.
¿Listo? No. Nada es tan fácil cuando en la otra frontera, la de nuestros hermanos nicaragüenses, el presidente es Daniel Ortega. Cualquier excusa es buena para armar un pleito. Y se han dado gusto. Rosario Murillo (a la que le faltan dedos para tanto anillo y para tan poca frente) se dejó decir un par de barbaridades. Ni ella ni su esposo son de izquierda: que quede claro.
Nuestros visitantes cubanos han sido atendidos, alimentados, cuidados y protegidos por autoridades y compatriotas solidarios. Son inmigrantes, porque nacieron o provienen de un lugar diferente al que están; llegarán a ser expatriados porque, de forma temporal o permanente, desarrollarán su vida en un país distinto al original de su nacimiento; no son exiliados porque pueden regresar a Cuba (si han salido de su país legalmente no hay problema). Tal vez no quieran hacerlo y están en su derecho.
Abogo por la libertad. Por muchas libertades. Si los cubanos que están en Peñas Blancas quieren seguir su camino y alcanzar su sueño, que lo intenten, que lo hagan.
Eso sí: para mí no son comparables a los sirios. Huir de la guerra, del terror, del hambre, de la muerte, no es igual que escapar de un régimen sin libertad de expresión individual que garantiza la alimentación, la educación y la salud.

Claudia Barrionuevo
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