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Sobre algunas medidas para situaciones que originan enormes presas y mayor gasto de combustible no se habla y de la Ley de Tránsito tampoco

De lo que no se habla

Se habla de que el gobierno tendrá que tomar medidas porque puede dispararse mucho el precio del petróleo, y la población tendrá que hacer cambios en la cultura para consumir menos combustibles y energía en general.
Así tendrá que ser.
Se habla, en una nota de este medio, de cómo ha crecido el parque vehicular y no así la policía de tránsito, para poder controlar la circulación.
Lo curioso es que entre las medidas para paliar un poco ambos problemas, que confluyen, solo se piensa en unas y no en otras de las que deben considerarse.
El caos vial que nos tiene desperdiciando tiempo y combustible se originó con los años por el incumplimiento de las funciones de los jerarcas a cargo.
Eran y son ellos los encargados de una buena selección y formación de los oficiales de tránsito y de proveer buen transporte colectivo, para no hablar del resto del ordenamiento de una ciudad de calles estrechísimas donde los tráileres y buses, generadores de presas, no tienen ni vías ni carriles específicos asignados.
Ya se sabe que volver a una restricción vehicular de día completo y comprar cámaras para que sean el ojo vigilante de la policía de tránsito faltante, son medidas más fáciles que otras.
La primera es solo pasar la orden de que los dueños de automóviles tengan que dejarlos en su casa y lanzarse a la inseguridad y al pésimo servicio de transporte público colectivo. La segunda es con dinero que no sabemos muy bien aún de dónde saldría, aunque ayudaría solo si alguien las vigila con honestidad y actúa.
Lo curioso es que otras medidas sobre situaciones que originan enormes presas y mayor gasto de combustible ni se mencionan. Baste señalar una o dos.
Los carros que se parquean en estrechísimas calles de la ciudad, las convierten en aún más angostas ocasionando tremendas presas y ahí se ven los policías de tránsito conversando entre ellos pero sin hacer nada, aunque estén en la zona, por liberar las calles de esos vehículos. En otras épocas el borde de las aceras estaba pintado de amarillo y había grúas llevándose los autos ahí estacionados.
Se ven constantemente oficiales de tránsito charlando mientras una enorme presa se forma delante de sus ojos porque un conductor viola la ley deteniéndose en media calle esperando a que alguien, que viene en sentido contrario, le dé paso y virar donde no puede hacerlo porque hay doble línea amarilla.
La lista podría continuar porque los conductores se han acostumbrado, no a que no haya suficientes oficiales sino a que estos no actúen.
Y a propósito de Ley de Tránsito, ni siquiera ha logrado la población costarricense que los señores diputados cumplan con su obligación de dotarla de una adecuada legislación al respecto.
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