Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 27 Febrero, 2013

“De acuerdo con el Ministerio de Hacienda, apenas 46 de cada 100 propietarios de sociedades pagaron a tiempo”


Hablando Claro                                       

De impuestos y obligaciones

A falta de una reforma tributaria integral tantos años postergada,  la Administración Chinchilla Miranda promovió la aplicación de un impuesto específico para sufragar  gastos de seguridad ciudadana, combate a la delincuencia y  fortalecimiento de  programas penitenciarios. La ley que creó este tributo se firmó en diciembre de 2011 y estableció  los periodos de gracia necesarios, tanto para organizar la recaudación y establecer el monto del cobro inicial como para permitir el tiempo requerido para disolver las sociedades anónimas inactivas. Lo cierto es que medio acomodados todos los obligados a pagar el nuevo impuesto debíamos erogar por segunda vez el pago correspondiente a este año a finales del mes pasado. Pero de acuerdo con el Ministerio de Hacienda, apenas 46 de cada 100 propietarios de sociedades pagaron en tiempo. Es decir, se cobraron solo ¢14.849 millones de un total de 575 mil sociedades y una recaudación estimada de 32 mil millones.
Y ese es el punto. Los colegas del Semanario Universidad revelaron mediante un escrupuloso análisis elaborado en el Registro de la Propiedad, que la mitad de las sociedades anónimas relacionadas con miembros del Gabinete de doña Laura  (incluyendo a la propia Mandataria y al Ministro de Justicia a quien corresponde fiscalizar ese gravamen) no pagaron en el plazo establecido el impuesto que ellos mismos promovieron para enfrentar el déficit de necesidades de seguridad.  De entrada, uno podría pensar que, o el gabinete no se toma en serio las leyes que impulsa en la Asamblea Legislativa  (¡con lo que cuesta que algo se apruebe!) y ello constituye un muy mal ejemplo  o el sistema de recaudación fiscal del país no previno la necesidad de promover con mayor énfasis este pago  dado que se trata de una erogación que antes no existía y mucha gente pudo haber olvidado que debía enfrentarla. Debo señalar en honor a la verdad, que yo misma —al leer el trabajo periodístico del colega Ernesto Rivera— sentí un sobresalto al percatarme que no había pagado y tuve que salir corriendo a honrar la deuda.  Impuesto y obligación son caras de la misma moneda. Y como dice siempre un amigo, se llama “impuesto” porque nunca es voluntario. La verdad (seguro que por asociación de culpa)  no me molestó que a casi medio Consejo de Gobierno se le hubiera olvidado pagar el nuevo gravamen. Lo que sí me incomodó es que algunos hubieran argumentado leguleyadas o malas excusas en lugar de cumplir con su inmediato deber de ponerse a derecho. Por eso, ojalá que si Usted es parte del 53% de los morosos con este gravamen no se le ocurra una mala justificación.  La obligación no es transferible. De todas maneras, le guste o no, tendrá que hacer frente a su condición de morosidad. O lo que es peor ver su nombre en una lista de deudores.

Vilma Ibarra