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Los educadores deberán ser preparados, revalorados y estimulados para actuar como gestores de un cambio que esperan y merecen los niños y adolescentes del país


De “desarrollados” a “innovadores”


Más allá de los datos que arroja el último Índice Global de Competitividad 2013 – 2014, el mensaje más importante parece ser el hecho de que ya probablemente los países no se caracterizarán como “más o menos desarrollados”, sino como “más o menos innovadores”.
La gran pregunta es, pues, cuándo y cómo se darán las acciones necesarias en Costa Rica para volver a estimular la creatividad.
Deberemos lograr que un sistema educativo que, al igual que en otros países, desde hace décadas viene induciendo al estudiantado hacia la repetición de información dada por algún profesor o algún libro de texto, cambie hacia una experiencia completamente diferente.
El viejo concepto de lo que es educar llegó incluso a extremos tales como presentar a un estudiante varias opciones de respuesta sobre un tema y la posibilidad de que al marcar una u otra con una X, esto le significara una buena o una mala nota.
Ahora bien, emprender el cambio que necesitamos tiene como principal motor a los educadores. Sin embargo, muchos de ellos muestran resistencia ante la posibilidad de un proceso que los sacaría de su zona de confort.
Esto es comprensible porque han sido desvalorizados por mucho tiempo y nada les muestra un nuevo horizonte que les entusiasme y les motive para un esfuerzo mayor.
La obligación de insertarse exitosamente en formas totalmente nuevas de llevar a cabo el proceso de aprender a aprender, mediante las modernas herramientas actuales, altera la sensación de seguridad de muchos maestros y profesores, aun si su labor se encuentra hoy devaluada ante la sociedad.
Ser un maestro de escuela o colegio no es actualmente una profesión de gran prestigio como debería. No sienten nuestros educadores el orgullo y la satisfacción que sus labores otorgaban a quienes se dedicaron a lo mismo en otras generaciones.
Por ello, el cambio necesario en el sistema educativo ha de ser parte del gran cambio nacional, integral que tenemos que llevar a cabo.
Recordemos que esto es parte de no haber preparado al país para enfrentar con éxito las condiciones en las que debería vivir y producir merced a los procesos de apertura y globalización ocurridos en el mundo.
Esto, en el marco del sistema educativo, implica la comprensión de que se debe pasar del concepto de “carrera docente” al de un desarrollo profesional vinculado a un perfeccionamiento permanente, progresivo, puesto en evidencia en el trabajo diario y medible en sus frutos.
Los educadores, pues, deberán ser preparados, revalorados y estimulados para actuar como gestores de un cambio en la educación que esperan y merecen los niños y adolescentes del país.
 

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