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Miércoles, 14 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


De Derechos Humanos y otros

Humberto Pacheco [email protected] | Martes 02 diciembre, 2014


Impuestos sobran. Sí se queman los ingresos en el altar del desperdicio y la corrupción, no alcanzarán nunca


Trotando Mundos

De Derechos Humanos y otros

La Organización de las Naciones Unidas- léase bien- denunció a Venezuela por sus ejecuciones extrajudiciales de oponentes políticos. No fue la asociación de criadores de pollos de Timbuktu. No, fue la ONU. Pusilánime como siempre, pero se dejó decir, citando a La Nación, que “El Comité se muestra preocupado cuando se detiene a un líder político [López] de forma arbitraria y se le pone en una celda de aislamiento…”. Como sí fuera un asesino en serie o un animal ponzoñoso, decimos nosotros.
Mientras tanto, el barbudo diputado Vargas del Frente Amplio, amante de Venezuela, nos informa que vamos en una transición hacia la izquierda. Ergo, para allá.
Food for thought dice el dicho en inglés.  Food for much more than thought decimos nosotros. El electorado, especialmente el joven que muy rápidamente se entusiasmó con el FA en la elección pasada, más hastiado por un pésimo gobierno que por ideología, tiene que tener muy claro para donde nos quieren llevar estos ideólogos de agenda oculta.
Venimos cacareando que la situación mundial no ha mejorado y que Europa podría caer otra vez en una grave crisis que arrastraría a todo mundo. En anterior columna advertimos que un renglón de la economía, que no ha hecho mucho ruido porque los actores a ambos lados de la cerca sufrirían, es el de la financiación monumental de grandes naves marítimas.
El comercio mundial ha bajado tanto que un sinnúmero de hipotecas marítimas se encuentran en default. Las sumas son astronómicas y, aunque tocan bancos norteamericanos, los más afectados son los europeos. Sí jalaran ese gatillo, la economía mundial entraría en una crisis más grave aún que la anterior. De esa, estén seguros, no escaparíamos, especialmente dada la grave situación en que nos encontramos.
De ahí que hemos insistido tanto en que hablar de impuestos es pecado mortal. Si la inversión extranjera directa ha bajado este año cerca de 40% (aceptando las cifras en la prensa) y seguimos con la cantinela de aumentarlos, más la correremos. Ya lo dijeron oportunamente el Presidente de INTEL y la Presidente de HP, aunque nadie parecía estar oyendo.
Es hora de hacer lo que una familia ordenada cuando sus ingresos no alcanzan: reducir lujos, no pedir más al proveedor porque no puede. Costa Rica no se puede dar el lujo de seguir manteniendo a una clase laboral pública encumbrada por los Contratos Colectivos y la irresponsabilidad de gobiernos pasados.
Con los horrendos impuestos que pagamos (en los que los gobiernos ticos no gustan incluir el de seguridad social, como sí lo hace Estados Unidos), de sobra se puede mantener bien el país. Tengan en mente que pagamos el más alto impuesto de seguridad social de América Latina, un 34% por ciento de la planilla (más el 9% que pagan los trabajadores). Esto se suma a un 25 o un 30% por renta; el devastador impuesto de importación que nuestro carro pagó para entrar al país; el creciente como absurdo impuesto anual para que siga circulando año con año; el impuesto a los dividendos por ingresos que ya pagaron el 30%; y un sinfín de impuestos más incluyendo, para los que logran construirse una casa de más tamaño, el anual de “solidaridad” (con los trabajadores del gobierno decimos nosotros).
Impuestos sobran. Sí se queman los ingresos en el altar del desperdicio, la corrupción, la inutilidad y tantos otros medios, no alcanzarán nunca.
La Magdalena no está para tafetanes!

Humberto Pacheco A.
[email protected]