María Luisa Avila

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Jueves 15 Mayo, 2014

Debemos crear conciencia de la necesidad de conductas preventivas, no reactivas. Toda actividad humana conlleva riesgos, pero muchos de estos riesgos se pueden minimizar con la prevención, no así con la lamentación


Cultura de prevención ¿Por qué no la aplicamos?

Nuestro diario vivir nos enfrenta a una realidad cotidiana: la imprudencia, la negligencia, el descuido, lo que se resume en ausencia de prevención.
Basta leer o escuchar las noticias para enterarnos de percances de tránsito que cuestan vidas: Siete personas excediendo la capacidad de un auto pequeño, cuatro menores sin dispositivos de seguridad y posiblemente adultos sin cinturón de seguridad, circulando a alta velocidad.
Todos los ingredientes para una receta de muerte. Jóvenes y otros no tan jóvenes en patinetas o en bicicletas, por estrechas y oscuras calles circulando sin equipo de protección, con ropas oscuras y sin ninguna señal que alerte a los conductores de su presencia. Conductores imprudentes que exceden los límites de velocidad, algunos bajo los efectos del licor, otros exhibiendo su desprecio por la vida propia y la ajena.
Sin respetar las señales de tránsito, haciendo caso omiso a la prohibición de doblar indebidamente en vías altamente congestionadas.
Peatones cruzando en medio de los autos debajo de los puentes peatonales, buscando mil y una excusas para no usarlos.
Adultos que dejan al alcance de niños, productos peligrosos que van desde veneno hasta pequeñas piezas que estos introducen en muchos de sus orificios corporales.
Otros que venden licor a menores, porque su interés mercantilista sobrepasa su sentido de responsabilidad.
Y peor aún, personas que les facilitan el licor o la droga a los jóvenes, porque nada de malo le ven a dicho consumo.
Debemos crear conciencia de la necesidad de conductas preventivas, no reactivas.
Una actitud responsable individual y social. Un absoluto respeto por la vida propia y ajena.
Tener cultura de prevención implica, una actitud colectiva que se construye a través de un constante y sólido proceso social.
Ser capaces de cambiar situaciones amenazantes, por oportunidades de cambio y prevención.
Toda actividad humana conlleva riesgos, pero muchos de estos riesgos se pueden minimizar con la prevención, no así con la lamentación.

María Luisa Ávila