Enviar
Lunes 4 Mayo, 2015

¡Cuidado periodistas!

Escribo esta columna a título totalmente personal usando mi libertad de expresión y con la mayor tristeza por abusos cometidos contra lo que para mí es la libertad de las libertades: la libertad de expresión.
Me referiré a dos recientes informaciones, ambas presentando ideas sin coordinación ni método, serias aberraciones irascibles.


La primera es un “coctel molotov” en contra de este respetuoso diario en el que se lo acusa por un sondeo hecho entre los lectores y en el que el resultado fue una mala calificación para el exministro de la Presidencia, don Melvin Jiménez.
Esa crítica únicamente refleja una lamentosa defensa de lo que pretende ser la “ley mordaza”, pero sobre todo un vejamen ético y ardido en contra de un colega y el diario que únicamente cumplían con su deber.
El segundo caso que estremece las columnas éticas de la profesión periodística es la reciente noticia en los medios que ventila una supuesta crisis de la pareja presidencial.
Parecieran notas escritas por jóvenes principiantes, entusiastas, que ven en el periodismo un trabajo divertido, frívolo, sin peligros ni responsabilidades.
Como lo señala Carl N. Warren en “Géneros periodísticos”, la cobertura y redacción de noticias no es para niños caprichosos y descuidados, con escasa noción de los derechos ajenos tal como están planteados en las convenciones sociales y en los cánones de la Ley.
Se trata más bien de una tarea para profesionales maduros, serios, personas dispuestas a asumir las severas obligaciones que recaen sobre aquellos a quienes les está permitido publicar los actos y vidas ajenos.
La Libertad de Prensa no permite la publicación de libelos, mucho menos cuando se denigra la dignidad de un colega y un medio. Lo mismo ocurre si se trata de un Presidente elegido para ser un buen gobernante, no para ser buen esposo o amante, como dijera en su momento el expresidente Clinton; o más certeramente, como lo dijo el actual Presidente francés sobre su escándalo matrimonial: “Los asuntos privados se tratan en privado”.
La prensa tiene la obligación de distinguir entre comprensión-consecuencias y conocimiento del significado de la información, para así lograr simétricamente exponer hechos relevantes destacados cognitivamente y no irasciblemente, como en los casos descritos anteriormente.
Creo ver, en estos dos ejemplos, a una prensa jugar al dios romano Jano, el de las dos caras: algunas veces invocado para comenzar una guerra, y otras, como Prometeo, el titán griego amigo de los mortales. ¡Lamentable!

Ricardo Sossa Ortiz

Periodista, politólogo y sociólogo