Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 21 Agosto, 2015

En este complejo “antisistema” de reparto, burocrático y descoordinado, no hay certeza de hacia dónde van a parar los recursos

Cuidado con el reintegro a los pobres

Hay cosas que en la teoría funcionan, pero en la dura y porfiada realidad, no.
Algo así ocurre con la propuesta del Gobierno que pretende gravar con un 15% los bienes y servicios, para posteriormente devolver a las familias de escasos recursos una cantidad de dinero más o menos equivalente al impuesto estimado que pagaron.
La idea es buena: pagan todos, pero se reparte a más de medio millón de familias parte de lo recaudado. Esto pretende que el impuesto no sea regresivo, es decir, que finalmente paguen los que tienen mejores ingresos.
El problema es de ejecución, y está lejos de ser un problema menor.
La Contraloría General de la República ha señalado que hay en el país 22 instituciones que realizan transferencias para erradicar la pobreza, las cuales se concretan en 46 programas.
En este complejo “antisistema” de reparto, burocrático y descoordinado, no hay certeza de hacia dónde van a parar los recursos.
Si a eso se le agrega la gran cantidad de instituciones haciendo tareas paralelas, los enormes gastos administrativos, y el desvío del dinero hacia los “vivillos” con y sin corbata, no hay que ser adivino para saber lo que ocurrirá.
La noticia buena es que en 2013 se creó por ley el Sistema Nacional de Información y Registro Único de Beneficiarios (SINIRUBE), con un excelente propósito: contar con una base de datos actualizada de las personas en condiciones de pobreza en el país, incluyendo los beneficios que reciben de las distintas instituciones.
El sistema, sin embargo, no está operando, dado que hasta ahora se le asignaron los recursos para empezar a implementarlo.
Un sistema de este tipo enfrenta en su diseño, digitalización, operación y permanente actualización,  muchos desafíos. Dejemos que primero el sistema muestre resultados confiables, ya que en el sector público los plazos no existen, solo las realidades hablan.
No es casual que hasta ahora no contemos con sistemas eficaces para el reparto de beneficios a los pobres.
Por otra parte, hay una tendencia a hacer las cosas complicadas. Tenemos cientos de leyes que asignan recursos con base en impuestos, exoneraciones… Nos encanta acumular nudos gordianos que contribuyen a hacer más costosa y difícil las tareas.
Esta propuesta de poner impuestos y después devolvérselos a una gran parte de la población es otro de estos nudos. Simpleza debería ser la regla.

Arturo Jofré
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