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Miércoles, 20 de marzo de 2019



COLUMNISTAS


Cuenta regresiva

Carlos Camacho [email protected] | Martes 12 marzo, 2019


Los contribuyentes debemos estar conscientes que hemos entrado en la segunda mitad de la cuenta regresiva del tiempo de transición de cara a la entrada en vigor de la norma de Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas. Es decir, quedan al día 1 de julio del presente año 110 días para la entrada en vigor de las normas nuevas, incluyendo en este conteo sábados, domingos, feriados y la Semana Santa, sea que hábiles quedan concretamente 70 días hasta ese lunes primero de vigencia de ley. Este es un dato cuya relevancia surge exclusivamente a la luz de los asuntos que hay que hacer, ahora o nunca bajo las normas actuales y bonachonas que estamos a punto de sepultar.

¿Cuál debería ser la agenda empresarial de estos setenta días hábiles? ¿Será la actitud correcta una de resistencia pasiva en la espera, con la esperanza de que aquel día no llegue, como llega la muerte a todos? Benjamin Franklin dijo en su oportunidad: “solo hay dos cosas seguras en la vida, la muerte y los impuestos”. Esto parecía ser cierto en otras jurisdicciones -por supuesto lo de los impuestos- pero ha llegado la hora, en la que esa parte de la globalización-la relativa a la obligación de pagar impuestos-toca las puertas de contribuyentes y muy especialmente de los omisos, que concretamente se han sentido exentos por decisión y gracia propia en recargo de las espaldas de quienes pagamos nuestras obligaciones tributarias.

La actitud que recomendamos a los lectores es la que han asumido las personas y empresas responsables consigo mismos y con el valor de protección de sus bienes, derechos y patrimonio propio que, definitivamente es lo que está en riesgo ante la inacción. Hemos encontrado en una cantidad creciente de personas y empresas el compromiso de tres verbos que hay que conjugar en presente a pesar de la tentadora pero nefasta procrastinación; estos verbos son: Capacitar, planificar y ejecutar.

Respecto de la capacitación es el pilar que da lugar a las reglas nuevas de primera mano, no manejando conceptos vulgares de la norma, sino la norma en su dimensión propia de cada quien. Al respecto, hemos visto muchas acciones tendentes a la divulgación, que se diferencia de la capacitación en la forma de adecuar el conocimiento a las particularidades concretas de cada quien, que varían en todo caso en razón de las condiciones de partida y las incidencias diversas de la norma.

A la vez, hemos encontrado la tendencia a tomar la capacitación de manera serial, es decir, primero se proponen hacer dimensionamiento de IVA que ciertamente entra a escena de cumplimiento en primera instancia, con el error de base de dejar renta para después, sin considerar que, si bien el cumplimiento de este impuesto es posterior, sus efectos rigen también a partir del mismo 1 de julio.

La capacitación debe ser holística respecto de las obligaciones en su conjunto, viendo a la vez, la incidencia de las reglas nuevas a la luz de las normas previas de acompañamiento, tales como el registro de accionistas y factura o comprobante electrónico, aspecto se comporta como preámbulo útil, necesario y pertinente al cierre de puertas del sistema tributario anterior. Tambien hemos topado con la falacia resultante de la carencia del contacto con la norma nueva, que hace que en esta fase terminal de negación haya quienes digan, que están dispuestos a invertir sus recursos tiempo y dinero hasta que todo este, claro, no siendo tan claro y concreto que es lo que aluden y en su mayoría diciendo que una vez que tengan el reglamento.

Debemos recordar a los lectores que a pesar del abuso de referencias de la ley al o los reglamentos, estos no son requisito para la entrada en vigor de las obligaciones, esto ocurrirá con el mero transcurrir del tiempo, sea que hoy a menos 110 días, sigan contando y llegará, haya o no normas reglamentarias, sean éstas suficientes o no y habiendo ya analizado el borrador de proyecto de reglamento, que se hizo público, podemos anticipar que los reglamentos si siguen el mismo corte de ese documento, aportaran solo más dudas que aclaraciones. Por tanto, dentro de la cadena de verbos enunciados, la capacitación es ahora, para quienes no la hicieron ayer, mañana no va a ser siquiera oportuno, con lo que hay que de por sí es amplio y tan distinto a las normas conocidas que no son inteligentes las labores de diferimiento de estas acciones.

Planificar, un verbo que es poco usado en nuestras culturas bendecidas por el clima y las condiciones mayoritariamente favorables, esta acción es a la vez resultado de la necesidad misma más que de las convicciones o creencias mismas en primera instancia. En las culturas de la abundancia, planificamos solo las cosas inmediatas y unas pocas del corto plazo. Los líderes en nuestras culturas, son los que han incorporado hábitos de gestión personal o empresarial, los que además lo hacen de una forma integral y con estratégica, no solo con táctica, no basta planear los próximos pasos, sino tener claridad de las consecuencias de cada hacer, así como las de dejar de hacer, para quien planifica la no acción no es resultado ni del olvido, ni la distracción sino una decisión consciente con claridad en las consecuencias de la misma, que comporta en sí una forma de hacer.

En el ámbito de la entrada en vigor de la normativa que venimos aludiendo, se requiere definir cómo vamos a gestionar nuestras actividades personales y empresariales, cuando se refiere a grupos empresariales- sean actividades llevadas a cabo por medio de más dos entidades- esto debe ser repensado y reorganizado, en consecuencia a los costos de cumplimiento, a las ineficiencias que puede provocar en la tributación indirecta, sea el IVA y en la zona más dolorosa de las actividades económicas, siendo las resultantes de los nuevos impuestos sobre las diversas rentas, con el posible desmejoramiento de la rentabilidad y pérdida de competitividad.

Dicho de manera clara y fuerte: lo que está en juego es la continuidad de su negocio, ponga en su lista de prioridades rescatar por medio de la capacitación y planificación el rescate del mismo, que es el resultado de sus esfuerzos, sacrificios e inclusive de generaciones anteriores es lo que está en juego. No se lamente, actúe. Si usted es grande la incidencia lo será mayor, si es pequeño recuerde que lo que hay es todo lo que tiene, ningún tamaño es tan insignificante como para que no amerite el empoderamiento de la situación a la que estamos analizando.

Por último, la ejecución, los mejores planes y las buenas intenciones están adornando los caminos del fracaso y la muerte, cuando de los mismos no se derivan acciones concretas. Debemos definir en su dinámica, aquellas que se refieren a tres aspectos puntuales: las de reorganización para tener una mayor probabilidad de éxito a través de la conocida sentencia de Darwin que no será el más fuerte el que sobreviva sino el que mejor se adapte. La segunda es la de la dependencia de las acciones de ejecución de planes de terceros no interesados, es decir, instituciones que seguirán haciendo lo suyo, a su ritmo como el Registro Público y la Gaceta, partícipes fundamentales en las reorganizaciones empresariales, que solo serán más lentos en razón de la sobrecarga que se anticipa se presente cuando los actores tardíos finalmente hagan la decisión de ejecutar, que empieza de la de planear, como consecuencia de haberse capacitado de manera adecuada.

El tercero de esos aspectos es el más importante, la escasez, la de tiempo, la de los profesionales de excelencia-pocos, por cierto-en razón de un nuevo universo creciente de contribuyentes, así como los necesarios aspectos de reacomodo con el resto de los actores de la cadena de valor, que debemos alinear para lograr relaciones virtuosas, gestionando el entorno a su favor, habiendo hecho lo propio en los tres verbos a lo interno, sin una claridad distinguible de lo que será a partir del 1 de julio es poco probable lograr la adecuación a favor de su empresa de los clientes y proveedores, así como acreedores que forman parte mínima de la primera ola de cambios que en la cadena de valor hay que realizar, si no hay una nítida claridad de los resultados de la puesta en marcha de todos los tres verbos en sus dimensiones propias.




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