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Es razonable la preocupación de quienes piensan que no debería ser la Defensoría de los Habitantes un nombramiento politizado sino de búsqueda de un alto grado de idoneidad para el cargo

Cuatro meses de acefalía

Percibido por muchos como un debate politizado, el nombramiento de nuevo defensor (a) de los habitantes por parte de la Asamblea Legislativa no definió nada hasta el momento en que, aparentemente, para poder salir a receso los diputados tendrán que apurar el trámite.
La tensión entre las diversas bancadas, que defienden candidatos diferentes, se muestra más como una lucha entre partidos políticos que como un esfuerzo conjunto por encontrar a la persona con mayores cualidades para defender a los ciudadanos.
Es por esto razonable la preocupación de quienes piensan que no debería ser este un nombramiento politizado sino de búsqueda de un alto grado de idoneidad para el cargo. Una selección que se caracterizara por la exploración seria de cualidades dentro de un perfil en el que destaquen, además de otros atributos, la existencia de antecedentes de genuina preocupación por el bienestar de la gente, por el imperio de la justicia y el orden, la vocación de servicio, el altruismo, la decencia y la ética.
No obstante, la Defensoría de los Habitantes lleva ya cuatro meses de acefalía evidenciando la poca relevancia que para algunos legisladores tiene probablemente el tema. Otros quizás sí estén interesados pero tendrán razones para mantener el debate. Lo único deseable sería tener la certeza de que las discusiones no sean por razones político partidistas.
La realidad es que desde el 6 de noviembre, en que venció también el nombramiento del defensor adjunto la Defensoría de los Habitantes quedó impedida de emitir resoluciones y atender quejas de los ciudadanos, pero esto no apuró el trámite en el Congreso.
Pudiera ser que al momento de escribir este editorial se estuviera definiendo el nombramiento. De todos modos, lo significativo seguirá siendo verificar si el cargo tiene un tinte político o si se hizo la designación únicamente en virtud de las cualidades de quienes aspiraban a él.
Por otra parte, la experiencia debe dejar enseñanzas. Esta selección, como cualquier otro asunto de interés nacional, no debe dejarse para el último momento. Son asuntos que deben estudiarse con el tiempo y la serenidad que ameritan pero alejados de las pugnas partidistas.
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