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Lo positivo es que ya ha despertado el país a la necesidad de atender la grave carencia que significa no conocer la situación real en materia de salud mental de la población


¿Cuántos enfermos mentales hay en el país?

Las importantes consecuencias negativas para la sociedad en múltiples aspectos, originadas en la falta de salud mental debidamente detectada y tratada, es el tema que pone sobre el tapete una nota de este medio ayer.
Es frecuente la tendencia a considerar que la falta de salud mental es sinónimo de un tipo de locura que se asocia con personas internadas en un hospital psiquiátrico o algo parecido.
No obstante, entre los diferentes grados de enfermedad mental puede haber muchos que no son clasificados ni atendidos simplemente porque en Costa Rica quienes los padecen nunca han asistido donde un especialista para que les haga el correspondiente estudio, diagnóstico y tratamiento.
Prueba de ello es el hecho de que “no existen datos de ningún tipo que nos indiquen la situación real sobre este tipo de enfermedades, lo cual limita la inversión en salud y accesibilidad de los servicios”, explicó a este medio la investigadora Mónica Hernández de la UCR.
La buena noticia es que como resultado de una investigación sobre el tema en ese centro de estudios superiores, se propone la realización de la Primera Encuesta Nacional de Salud Mental, utilizando los instrumentos de la Organización Mundial de la Salud.
La misma proporcionaría los datos necesarios para que comenzara a funcionar un plan nacional de investigación en salud y enfermedad mental desde diferentes enfoques y disciplinas con la participación del Ministerio de Salud, la CCSS, universidades estatales, Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia, entre otros.
La falta de salud mental en sus diversos grados y formas puede afectar en gran medida el accionar de la sociedad en forma directa o indirecta.
Por ejemplo, un niño o un adolescente de cualquier sexo con algún grado y tipo de esa enfermedad, no detectada ni tratada, puede alterar el normal funcionamiento del aula en el centro educativo al que asiste, además de las consecuencias en el hogar.
Se supone que las mujeres en riesgo por violencia doméstica, las minorías, las personas con discapacidades, entre otros grupos, deben ser estudiados y puestos en tratamiento. Pero la realidad es que cualquier persona de cualquier edad, sexo y situación social puede estar padeciendo enfermedad mental no detectada.
Es importante destacar que, para el debido tratamiento de estos pacientes, una vez diagnosticado su mal, es necesario contar en el país, en los hospitales de la Caja, con psiquiatras y en algunos casos probablemente con el apoyo también de psicólogos, cuya cantidad, en ambos casos, dependerá del resultado que arrojen tanto la encuesta como la posterior necesidad de tratamientos.
De nuevo, lo positivo es que ya ha despertado el país a la necesidad de atender esta grave carencia que significa no conocer siquiera la situación real.
 

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