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Sábado, 26 de septiembre de 2020



FORO DE LECTORES


Cuando la moral se ejerce como un antivalor

| Sábado 29 diciembre, 2012


Es fácil decir no podemos cuando hemos realizado todos los intentos posibles para no lograrlo, pero ni uno solo para cambiar nuestro entorno inmediato


Cuando la moral se ejerce como un antivalor

Cuando la moral se vuelve conveniencia a beneficio propio, deja de ser moral para convertirse en un antivalor. Es por tal motivo que no podemos indicar que exista una doble moral, en tanto la moral es en sí misma un valor que no se puede subsumir en otro. Esto quiere decir que los principios morales, no pertenecen a un individuo sino que devienen de una convención social que asume el individuo. Una vez que el individuo descree en estas convenciones sociales, no es que deje de existir la moral per se, ni que esta cambie conforme a la nueva cosmovisión del sujeto o se adapte a los deseos, porque la moral no muta por ni para el individuo, tan solo es, como parte de un todo social. Este aspecto es importante, pues el ser humano está confundiendo en la actualidad el pragmatismo individualista con la moral y la moral como un todo que está por sobre lo que es ético, siendo que lo ético procura ser un valor universal y por tanto, no se subyuga al pragmatismo en sí mismo y mucho menos a las mores de un determinado grupo social. Veamos entonces que, cuando una persona falta a la verdad en su actuar, es evidente que su conducta no es Ética, pero podría ser moral, si como parte de la convención social se ha determinado que el mentir era lo verdadero. El caso en cuestión, es entonces la inexistencia de la doble moral y la moral como antivalor; tema que por sí mismo es complejo. Si como sociedad hubiésemos determinado que el fin justifica los medios y por ende, si tengo “éxito” en el pragmatismo de mis actos a pesar de mentir o referir medias verdades para distorsionar la realidad, entonces sin duda alguna, una persona podría ser moral sin importar las consecuencias de sus actos, no obstante, cuando este actuar deviene dentro de una convención social en la que decir y actuar de conformidad a la verdad debe ser acorde con los logros alcanzados, entonces debemos ir más allá y actuar con Ética. Si una media verdad no es moral, entonces no puede existir una doble moral, pues un antivalor no puede convivir con un valor sin que uno de los dos ceda ante el otro. La “moral” desprovista de la Ética es un antivalor, mientras que la Ética no puede existir sin la moral. Pueden ser nuestros actos ostentosamente visibles para la sociedad, prácticos para esta e incluso catalogados en el espejismo del “éxito”, pero si mentimos, decimos medias verdades u ocultamos nuestros principios a favor de nuestros intereses individuales, todo cuanto hicimos carece de un sentido real, pues carece de Ética. Es precisamente dicho actuar el que hemos vivido en nuestra realidad político-social. Si un individuo repite de manera incesante una mentira termina por convencerse a sí mismo y de convencer a los demás, mas no por ello, su mentira es una verdad. Debemos pensar seriamente la Costa Rica que queremos, pues aplaudir los resultados sin importarnos la Ética, es ser partícipe de un país de derroteros que tiene como bandera los fines sin principios, la “moral” sin Ética, esa “moral” acomodaticia al individualismo, al confort inmediato, sin visión y sin metas, en las cuales el peor enemigo es quien piensa y se convence de que se puede ser mejor, se puede actuar mejor. Es fácil decir no podemos cuando hemos realizado todos los intentos posibles para no lograrlo, pero ni uno solo para cambiar nuestro entorno inmediato. Es fácil hallar al enemigo en quien piensa y actúa, señalarle como la “oveja equivocada del redil” para sanear nuestras culpas, nuestra responsabilidad, para no dar cuentas de nuestros actos. Diremos entonces “el sistema tiene la culpa” y el exceso de democracia se tornará dictadura sin nadie que piense diferente. Ninguna persona es ética, pues esta es inalcanzable en nuestra esencia humana, sin embargo, podemos tener moral en aras de actuar lo más éticamente posible, dar el rostro, decir la verdad de frente y asumir que nuestra defensa por la verdad es una defensa por la moral que nos acercará a la Ética. No existe la doble moral, este es solo un espejismo en el que se ocultan quienes no se atreven a dar el rostro, cambiar su espacio más cercano, el espejismo de quienes al repetir una vez tras otra una mentira han terminado por convencerse y convencer a otros de que no importan los fines empleados si el resultado es “exitoso”, este espejismo de ególatras individualistas, es la pérdida de fe en la democracia actual y todo este desastroso fin, ha conllevado a otros países a buscar alternativas menos participativas que la democracia; todo, ha empezado por ceder en nuestros principios e idiosincrasia y permitirnos el alivio de nuestra conciencia hilvanando una mentira más: la doble moral. Es indispensable entonces denotar que un país sin moral y sin Ética puede que no sea diferente al actual, pero las consecuencias pueden ser irreversibles. Un individuo sin moral y sin Ética puede que no sea diferente al actual, pero su afectación en el entorno inmediato tiene un eco consecuente en el de su prójimo y esta cadena interminable destruye las democracias más consolidadas al perderse la esperanza de los que creen que un cambio es posible.

Randall Roque
Escritor costarricense
Ganador del Premio Castello di Duino, Trieste, Italia


 





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