Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 12 Noviembre, 2009


De cal y de arena
Cuando la inequidad se profundiza

En Costa Rica —advierte el XV Informe sobre el Estado de la Nación— ha llegado a profundizarse tanto la desigualdad social que ya el país se acerca a las naciones latinoamericanas que ostentan los peores índices de concentración de riqueza. Contundente y lapidaria como es esta admonición hecha por un organismo no gubernamental de tan reconocida autoridad, se divulga precisamente cuando la Encuesta de Hogares exhibe alarmantes datos sobre la pobreza, el desempleo y la marginación social. Son cifras que confirman las percepciones de que el modelo económico impuesto bajo la inspiración del Consenso de Washington ha fracasado y de que la “teoría del derrame” no es más que una elaboración académica, muy ampulosa y sin contenido social por egoísta. Aun así, seguimos padeciendo la carencia de políticas redistributivas y esto coadyuva a la concentración de riqueza. La inercia que sufrimos en el tema tributario nos lleva al retroceso, la involución, la debilidad institucional y el deterioro de cuanto hemos hecho bien desde hace 50 años. Curiosamente, estos conceptos expresados por el Presidente Arias el 29 de noviembre de 2006 ante la American Chamber of Commerce se quedaron en el vacío espacial. Se hizo evidente que el mandatario había sucumbido ante los flirteos de los poderosos grupos de presión que tanto criticaba años atrás.

Ante ese conglomerado de empresarios decía don Oscar: “Se equivocaban quienes creían que todo lo que hacía falta para estimular el desarrollo de los mercados y el crecimiento económico era achicar el Estado, quitarlo del camino. Lo que hace falta no es menos gobierno sino mejor gobierno... Este país no podrá avanzar hacia ninguna parte si no replantea profundamente su estructura tributaria... El precio de la inercia en esta materia será el retroceso, la involución, el debilitamiento de nuestras instituciones y el deterioro de todo lo que nuestra sociedad ha hecho bien desde hace medio siglo”. ¿Qué nos va a decir el gobernante hoy, cuando su periodo está por concluir y lo que va quedando es un país que se acerca al grupo de naciones latinoamericanas que ostentan los peores índices de concentración de riqueza? ¿Se preguntará —como se pregunta el XV Informe sobre el Estado de la Nación— hasta cuándo puede seguir Costa Rica como sociedad sin activar mecanismos redistributivos más allá de la inversión social?
Alarmantes y dignos de atención, los índices de pobreza y desempleo —hermanos de la inequidad social— no fueron más graves porque el gobierno acertó al precipitar medidas de soporte social como el programa “Avancemos” y crear miles de empleos en el sector público con lo que amortiguó los efectos de una crisis internacional que abatió el comercio, la inversión extranjera directa y el turismo. Fueron señal bastante para confirmar la utilidad de las políticas redistributivas, coyunturales unas –como “Avancemos” y el aumento de la planilla pública- y permanentes otras, como la despechada reforma tributaria. Poco hizo allá; nada acá.