Humberto Pacheco

Humberto Pacheco

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Martes 18 Agosto, 2009


TROTANDO MUNDOS
Cretinos ó mal intencionados

Nancy Palmintere, responsable de decidir en INTEL en que países invierten, en cuales no y de cuales SE VAN, acaba de darle un manotazo directo a los cretinos que creen que los impuestos no son factor fundamental en la decisión empresarial de establecerse en un país. Ya lo había dicho durante la Administración Pacheco, en forma discreta, pero algunos no entendieron porque no se les dijo con un golpe en el mentón.
Hemos PERDIDO la oportunidad de captar una inversión de INTEL de dos mil millones de dólares, casi tres veces más que la que ya tiene en el país, por esa misma tozudez.
A esto se suma que Hewlett Packard haya tomado la decisión de crear QUINIENTOS NUEVOS EMPLEOS, con una inversión de trece millones de dólares, en Panamá, según dice su Gerente General de Centroamérica, “para MINIMIZAR EL RIESGO”.
Lo que es muy grave es que ambas empresas están instaladas aquí pero declinaron ampliar sus inversiones. Sí algunos no entienden que sí a la inversión no se le mima, se va, son retrasados mentales. Aquí abundan.
Llevamos siete años oyendo ruidos dañinos que los mal intencionados celebran pues solo en la debacle pueden triunfar. El graffiti está en las paredes pero algunos no lo leen y ya se preparan, desde puestos públicos de refresco, para seguir con la cantinela de más impuestos. Es el típico cambio de camiseta con que siguen engañando a los costarricenses y que —para nosotros— solo se ha justificado en los casos de don Oscar Barahona, don Eduardo Lizano y don Francisco de Paula Gutiérrez.
Durante los cuatro años de la Administración Pacheco un nefasto ménage a quattre formado por PAC, sindicatos, Presidente pusilánime y caverna de Liberación, paralizó al país en una infructuosa lucha por promulgar un mamotreto de reforma fiscal que se traía abajo la inversión extranjera. Y no se diga que el Sector Productivo estaba en contra de una reforma seria porque fuimos parte de la UCCAEP que la propuso; don Jorge Walter Bolaños no nos deja mentir. Pero lo que inconsulto había mandado Alberto Dent al Congreso en los albores de la Administración Rodríguez, como Ministro de Hacienda emergente, era un mamotreto, y seguía siéndolo cuando Dent volvió al mismo hueso a seguirlo impulsando en la siguiente administración, cuando Don Jorge Walter tiró la toalla frustrado.
Arropados en la consigna socialista de ‘mayor equidad’, es justamente a la esforzada clase trabajadora a la que los socialistas más perjudican con sus improvisaciones porque le cierran la puerta a la creación de buen empleo. No entienden que la tributación no tiene nada de social y todo de técnica. Algún aspirante a asesor tributario que anda por ahí en unas ambigüedades que se las traen, se dejó decir que había que “quitarle a los ricos” para darle a los pobres, esa retórica comunista que sí hay un país en donde no se justifica, es en éste. Por su parte el Ministro Dent sostuvo que a las empresas extranjeras no les importaban los cambios tributarios que él avalaba.
En muchos artículos que más bien parecían una clase de Impuestos 101, explicamos detalladamente porqué un impuesto universal no alcanzaría (como no lo hace en Estados Unidos, Alemania, Italia, etc.) al pequeño grupo al que estaba dirigido (el de Bernal Jiménez, en su monocular visión, consistía de una compañía) porque es incobrable, pero dañaría gravemente la inversión extranjera. El grueso de las compañías estadounidenses fabricantes en el extranjero, lo mismo que las bananeras, disfrutan de una exención tributaria temporal mientras no repatríen sus utilidades. Era fácil entender que la inversión extranjera así perjudicada se vendría abajo sí nosotros le grabábamos esos ingresos exentos a las compañías que estaban afincadas aquí.
Durante esos cuatro años los inversionistas norteamericanos, enemigos de meterse en política local, mandaron mensajes discretos a Hacienda que el Ministro de turno no entendió, aunque no se necesitaba de un técnico de NASA para comprender tan absurda contraposición.
El mensaje de la inversión extranjera ha dejado de ser sutil. ¿Lo habrán entendido? Creemos que no.

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