Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 17 Agosto, 2015

Corresponde al gobierno propiciar un crecimiento compartido más acelerado, para poder disminuir la pobreza, el desempleo y la desigualdad

Disyuntivas

Crecer


La “Revisión del Programa Macroeconómico del BCCR 2015-2016” redujo el estimado de nuestro crecimiento este año de un 3,4% a un 2,8%.
Esta acción es congruente con la evolución de la producción según los estimados mensuales y trimestrales del BCCR que muestran un crecimiento bajo, y en general cada vez menor, desde mediados de 2013.
A partir de 2003, América Latina tuvo una década de muy buen crecimiento. En la mayoría de los países disminuyeron la pobreza y la desigualdad y aumentó la clase media. Además, gracias a cambios en políticas económicas, pudieron sobrellevar la gran recesión de 2008, en mucha mejor forma en el pasado.
Internamente las realidades fueron muy distintas para los países Centroamérica y para América del Sur, pues la bonanza en los precios de bienes agrícolas y materias primas que favoreció a los últimos por sus exportaciones, más bien perjudicó a los primeros por su impacto de mayor costo de las importaciones.
Pero a partir del año pasado el crecimiento se ha visto seriamente afectado. América Latina en su conjunto es la región en desarrollo en la cual en mayor medida ha caído el crecimiento.
De nuevo —y por las mismas causas— el efecto ha sido diferente en las distintas zonas. Las Perspectivas Económicas sobre las Américas del FMI para este año del pasado abril se intitula: “El Norte se recupera. El Sur aún espera”.
Pero aunque estamos en ese Norte, la recuperación para nosotros no se da. En comparación con los países de SICA somos, con El Salvador, quienes esperamos menor crecimiento este año. Ya habíamos crecido menos que el promedio el año anterior. Esto se da a pesar de que Costa Rica tiene ventajas en nuestro continente, pues ha logrado ser exitosa en diversificar la producción y las exportaciones.
The Economist del pasado 27 de junio señala la necesidad de que América Latina —ante su estancamiento económico actual— aprenda para su futuro.
Al igual que el resto de Latinoamérica, nosotros no hemos sido similares a las economías con rápido crecimiento de Asia, que usaron su desarrollo para aumentar la infraestructura y la inversión doméstica (Merece exceptuarse Chile).
Para peores, en América Latina la productividad por trabajador ha disminuido en relación con la de los países desarrollados. En esas naciones asiáticas, más bien ha aumentado. Además, ahorramos muy poco con relación al PIB, y en Costa Rica aún menos: en 2013 menos de la mitad de esos países asiáticos, e incluso menos que Chile, Colombia, Perú, Uruguay.
Claro que el crecimiento no depende del Banco Central, y ni tan solo del gobierno. Es el fruto de las decisiones y acciones de miles de empresarios, trabajadores, inversionistas, consumidores.
Pero el gobierno aporta directamente a la producción y ese aporte depende de la eficiencia con la que preste sus servicios. Y, mediante su tarea regulatoria, su efecto en el ambiente para hacer negocios y el suministro de bienes públicos como la infraestructura y la educación, influye en esas decisiones y acciones privadas, que a su vez determinan la velocidad del crecimiento.
Corresponde pues al gobierno propiciar un crecimiento compartido más acelerado, para poder disminuir la pobreza, el desempleo y la desigualdad.

Miguel A. Rodríguez