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Crece el temor de la gente


Una de las mayores preocupaciones actuales es el alto grado de corrupción generalizada que ha permeado en el país todas las esferas de la sociedad al punto de penetrar en miembros de los cuerpos policiales, justamente aquellos en quienes debería la población poder confiar.
Mientras los costarricenses deberíamos ser un pueblo que repudie el enriquecimiento ilícito y busque desarrollarse en un clima de prevalencia de los mejores valores éticos, resulta que se ha producido un decaimiento moral de tal magnitud en el país que hasta la policía, por muchos factores, entre ellos un materialismo excesivo, cede a la tentación de obtener bienes materiales violando la ley y, desde luego, haciendo lo contrario de aquello para lo cual la sociedad le paga.
“En el país cunden el terror y la desconfianza”, dice una nota de LA REPUBLICA del martes anterior, en la que se señala que en general más de un 80% de la población considera al país deshonesto y en particular la Fuerza Pública es vista como blanco del soborno por la misma razón de la ciudadanía.
Una cifra esta que podría aumentar en futuras encuestas luego de los sonados casos de Heredia y Limón que dieron como resultado la detención de 15 oficiales.
Mientras aumentan los robos y los homicidios se incrementa también el temor de los ciudadanos ,que en este momento ocupan el tercer lugar entre los más temerosos del continente, solo por detrás de paraguayos y argentinos.
Esta situación no puede continuar porque está en juego el destino del país y de los costarricenses. Es impostergable despertar ante esta realidad y formar con carácter de urgencia una comisión legislativa que atienda la grave situación.
En la actual circunstancia se vuelve indispensable la intervención de otro de los poderes del Estado que de manera enérgica y comprometida señale acciones inmediatas para poner fin a la corrupción en órganos que están precisamente para acabar con ella.
Como lo señala el artículo de LA REPUBLICA, el caso del policía neoyorquino Frank Sérpico es un ejemplo de lo que puede lograr una persona capaz de defender los más altos valores convirtiéndose en un héroe al denunciar a sus colegas corruptos.
Costa Rica necesita con urgencia que surjan sus héroes y demuestren que no todo está perdido.


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