Macarena Barahona

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Sábado 3 Octubre, 2009


Cantera
Cotos electorales

A dos años de las movilizaciones populares en su campaña contra el TLC —Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos— en un referéndum nacional, a estrenar como instrumento democrático; observamos, como ciudadanía, el cinismo y la irresponsabilidad ante los miles de personas que se movilizaron para votar en el referéndum, y que participaron en un proceso de interés nacional, irresponsabilidad de los grupos políticos, que objetivamente fueron líderes y vanguardias, en esas jornadas.
Independientes y separados de la necesidad ciudadana de sentirse representados por un movimiento cívico de mayor cultura y generosidad, para con las demandas sociales y políticas de una ciudadanía, activa y comprometida con el país.
Son profundas, sus divisiones, conocidas a través de sus declaraciones públicas a los medios de comunicación: unos y otros, con soberbia y desinterés, hablan de culpas y protagonismos, para las codiciadas listas de candidatos y papeletas a ocupar, en los pocos lugares elegibles.
El compromiso de haber participado en construir un movimiento nacional de altura cívica, de unión de intereses, y después la elección de candidatos o candidatas, para en estos dos años lograr una propuesta política de alternativa a lo tradicional y neoliberal y que pudiera ser el nuevo espacio de un proceso de cambio ideológico y político en las estructuras institucionales de nuestro sistema democrático.
No, no quisieron, los grupos políticos dirigentes de las grandes movilizaciones populares contra el TLC. No quisieron conformarse en algo superior y superar las mezquindades y debilidades históricas, por soberbia y control de sus pequeños grupos.
No, no quisieron buscar las coincidencias que transparentemente estaban en la calle, los miles de ciudadanos y ciudadanas dispuestos a participar, a luchar por un futuro alternativo a las políticas neoliberales, a la corrupción y trasiego de influencias y cuotas de tradicionales políticos.
No quisieron formar nuevos espacios para que otros, sin sombrillas ni paraguas ni filiaciones conocidas, pudieran participar en nuevos proyectos.
El abstencionismo, la apatía y la pérdida de representantes será la factura que la ciudadanía otorgue ante la irresponsabilidad histórica, ante tal avaricia de mantener los pequeños feudos como cotos sagrados de control y cacería electoral, custodiando curules, y puestos municipales.