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Críticas recaen sobre autoridades por presuntamente proteger a sectores productivos
Ministros y empresarios se culpan por alto costo de la vida

Para el Gobierno existe falta de competencia en productos terminados

Wilmer Murillo
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En Costa Rica se cobran los precios más altos de Centroamérica en una amplia gama de bienes de consumo básico.
Al tratar de dilucidar quién es responsable, no existe claridad, pues aunque sobran argumentaciones, tirios y troyanos se culpan.
Actualmente existen tratados que rigen el 96% del comercio y que han traído consigo una baja de aranceles, pero no de los precios.
La premisa de los Tratados de Libre Comercio (TLC) ha sido permitir la importación de productos para formar un mercado más competitivo y así estabilizar los precios en niveles aceptables; pero esto no ha ocurrido.
“En Costa Rica, de acuerdo con estudios de la canasta básica, se ofrecen los productos más caros de la región centroamericana”, admitió Marco Vargas, ministro de Economía, Industria y Comercio.
Luego de un largo esfuerzo de “desarancelización” y su armonización regional, ¿por qué Costa Rica tiene los precios de muchos productos más altos que el resto del istmo?
Falta competencia —dice Vargas—. Sin embargo es en este punto donde comienzan los reproches.
Los industriales de alimentos dicen que no puede haber competencia si hay funcionarios que representan los intereses de ciertos sectores y que se han negociado tratados comerciales tercermundistas.
“Nos hacen competir con materias primas caras contra productos terminados hechos con materias primas baratas, dijo Tomás Pozuelo, presidente de la Cámara de la Industria Alimentaria.
No obstante, los problemas de precios altos no son atribuibles a los TLC, de acuerdo con Marco Vinicio Ruiz, ministro de Comercio Exterior, pues existen beneficios adicionales.
Estos abarcan subsidios a los productores de alimentos, ganado y la maquinaria comercial.
El problema para Ruiz radica en los impuestos de consumo, los cuales tienen un gran peso en el producto final para el consumidor de artículos como por ejemplo televisores y productos de belleza.
“No es un problema de la política comercial, sino de la política fiscal a cargo del ministro Guillermo Zúñiga de Hacienda”, señaló Ruiz.
Sin embargo en Hacienda no piensan de la misma forma. “Los impuestos internos son un acto soberano del país, por eso los TLC no los tocan”, replicó Zúñiga.
En el caso de productos con bajos precios como por ejemplo el trigo, el problema se reduce a que solo dos compañías lo importan, lo cual no representa una disyuntiva de la apertura comercial, sino de pocos participantes y falta de competencia, adujo Ruiz.
Sin embargo, esta visión es refutada por los comerciantes.
“¿Cuántos competidores quieren en un país de 4 y medio millones de habitantes?… En donde no hay competencia es en el Estado y a los que hay que intervenir es a unos señores sentados en unas oficinas públicas”, manifestó Oscar Cabada, presidente de la Cámara de Comercio.
Los TLC han sido beneficiosos al generar empleo, mejores niveles de ingreso y niveles de producción más sofisticados. No obstante, con tasas de devaluación promedio en los últimos 20 años del 11%, una tasa básica promedio anual del 20% y una tasa de inflación promedio del 14%, no se pueden mejorar los precios a los consumidores, agregó Cabada.
Pareciera que falta de competencia es el nombre del juego para el Gobierno, pero no para el sector privado.
Los últimos actores de esta novela son los supermercados. Del clamor popular se ha dicho que algunas cadenas, en la “última milla” del proceso productivo, forman parte de las negociaciones de precios.
Sobre esta interrogante se consultó a Guillermo Aguilar, gerente general de Perimercados, pero el comerciante se excusó de hablar por tener reuniones de directiva y tener que salir del país.
La misma consulta se formuló a miembros de la cadena Wal-Mart: “Nos indicaron de Asuntos Corporativos de Wal-Mart que no se referirían al tema”, dijo Melissa Arce, vocera de la compañía.



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