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Costa Rica, EE.UU. y Dall'Anese


Las denuncias realizadas la semana anterior por el fiscal general Francisco Dall'Anese, sobre el supuesto debilitamiento de las relaciones entre los ministerios públicos de Costa Rica y Estados Unidos, es un tema que debe ser analizado de forma más profunda y visto más allá de los hechos que motivaron la controversial queja.
Si el deterioro de relaciones venía desde hace tiempo y los presuntos excesos en las atribuciones de la fiscalía norteamericana ya eran supuestamente reiterativos, no comprendemos por qué Dall'Anese esperó tanto tiempo para exponerlos y no fue hasta que se produjo su aparente detención en Miami para —entonces sí— ventilarlos.
Sus razones tendrá, pero adecuado sería por el cargo que representa y por el país para el cual trabaja, que dilucide cualquier duda, en un asunto a todas luces delicado.
Las quejas expuestas por el fiscal costarricense contienen un trasfondo especial que ponen al país en una situación de cuidado. Dall'Anese afirma en su carta a la Cancillería que “la embajada de Estados Unidos se ha arrogado la competencia de ofrecer recompensas en Costa Rica, por encima del Ministerio Público local, frustrando con ello investigaciones sobre terrorismo”.
El Gobierno estadounidense debe explicar si estas afirmaciones son ciertas o no. Hasta el momento la única respuesta ha sido al incidente de la detención del fiscal general, pero no a sus comprometedoras acusaciones.
Si esto es así, no sería solo el fiscal quien merece la disculpa, sino todo un pueblo; y esta deberá venir acompañada de compromisos reales para evitar en el futuro violaciones a la soberanía costarricense, así como de las medidas correctivas contra los responsables.
Pero si no, entonces será Dall'Anese quien deberá asumir la responsabilidad de sus manifestaciones.
El análisis de lo sucedido debe ir más allá. Costa Rica entera espera las respuestas.

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