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Sin la transparencia que necesitamos, y que casi siempre sale a la luz pública gracias a la prensa, todo se paraliza o se retrasa. Necesitamos justicia pronta y erradicar la impunidad


Corrupción e impunidad: males de gravedad

Adquirir la capacidad de realizar obra pública en forma transparente y rápida, recuperar la credibilidad perdida y poner a las instituciones del Estado a operar con eficiencia, son algunos de los principales retos que tiene el Gobierno.
Pero uno de los principales problemas que les ponen ancla a las iniciativas públicas es el ambiente de opacidad de los proyectos, que en ocasiones generan fuertes escándalos por supuestos actos de corrupción que desvían a bolsillos privados buena parte de los escasos fondos públicos.
Es indispensable para el país deshacerse del pesado lastre de los llamados “delitos de cuello blanco”, que actualmente no logran investigarse en tiempo razonable y dictarse sentencia sobre ellos, a fin de que la población, al menos, vea que se hace justicia y no, como ocurre en muchos casos, que reina la impunidad.
Solo 12 personas atienden más de 200 investigaciones, explicó Juan Carlos Cubillo, jefe de la Fiscalía de Probidad, Transparencia y Anticorrupción a este medio, en nota publicada ayer.
Eso quiere decir que cada fiscal tiene en promedio 17 investigaciones por realizar, las cuales involucran generalmente “personas con poder y jerarquía que pueden tratar de influir en contra de los procesos”.
Ante esta situación y viendo en los últimos tiempos casos como la famosa “Trocha Fronteriza”, la firma de asesoría en comunicación Procesos, la carretera a Caldera o Recope, para mencionar solo algunos de los más recientes, no es difícil comprender por qué no hay credibilidad ya de la población hacia sus gobernantes.
Si a los fiscales antes mencionados les faltan recursos de algún tipo como tecnológicos y humanos de apoyo, deberían tenerlos a fin de facilitar que puedan sacar su trabajo a tiempo. Hay duplicación en otras entidades del Estado y por lo tanto desperdicio de recursos. Esta es la reestructuración que necesitamos en general.
Un Gobierno que no tome medidas para que el rendimiento sea el adecuado, otorgando los recursos indispensables para ello, se expone a que se piense que prefiere darle la espalda a un asunto tan serio como el que hoy señalamos.
Sin la transparencia que necesitamos, y que casi siempre sale a la luz pública gracias a la prensa, todo se paraliza o se retrasa. El país no puede avanzar de esta manera.
Si la falta de recursos de la fiscalía antes mencionada hace que algunos corruptos logren evadir la justicia, o que sus procesos se prolonguen sin llegar a juicio porque no se ha logrado recoger la suficiente prueba (lo cual implica trabajo y recursos), entonces ni pueden pedir credibilidad los gobernantes ni pueden sentirla los gobernados.

 


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