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Viernes, 24 de septiembre de 2021



FORO DE LECTORES


Corrupción Financiera; Una Aproximación Neuro-conductual

Juan Diego Sánchez Sánchez sanchez.juandiego@gmail.com | Viernes 27 agosto, 2021

Juan Diego

Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D

Asesor financiero empresarial, abogado, profesor e investigador

La corrupción suele ser entendida como el cometimiento de actos por mano propia, o bien, por la influencia hacia otros, y en términos de la obtención de algún beneficio específico, sin considerar el derecho, la dignidad o incluso, la vida de terceros. Si bien es cierto, la concepción en particular parece ser precisa, su abordaje en materia neuro-conductual, y en ligamen a la existencia de un elemento dinerario implicado, parece ser más complejo.

Primeramente debe señalarse la relevancia que el dinero denota tener en la neuro-conducta de la persona, pues es evaluado de dos formas, entiéndase como un medio que conlleva consigo un poder implícito, o también, como un bien en sí mismo, que se asocia al concepto de la propiedad. Ahora bien, el dinero es entendido neuralmente como un elemento de corte recompensativo, es decir, ligado a la obtención de una recompensa derivada de sí mismo, circuito de conducta que tiene un especial ligamen al denominado núcleo accumbens y a la amígdala. El primero tiene una connotación particular hacia la gestión de las adicciones y recompensas, mientras que la segunda, se asocia a la actividad química neural que permite a la persona generar emociones, incluidos aspectos tales como el deseo y la satisfacción.

Puede señalarse entonces, que el dinero parece ser asociado a una recompensa, con un fuerte ligamen a la generación de dopamina (deseo) y de serotonina (satisfacción) una vez que este ha sido obtenido. Esta particular conducta encuentra también cierta explicación en el denominado comportamiento neuro-motivacional llamado DAS (deseo-acción-satisfacción), que bien implica la correspondiente generación de neurotransmisores específicos, entiéndase, dopamina, adrenalina y serotonina, cada uno de forma subsecuente y ordenada, de forma que la persona en la consecución de su deseo original, realiza una acción propia y posteriormente, al alcanzar lo esperado, logre la satisfacción.

En línea de lo anterior, y en ligamen al concepto de la corrupción neural financiera, resulta de interés lo que pareciera ser una ruptura del proceso natural en la obtención de la satisfacción en la persona, esto pues, acá el fin último del individuo parece ser la obtención fácil de serotonina, es decir, de una satisfacción específica ligada a la acumulación de dinero, pero obviando la acción humana particular para su apropiación, donde el núcleo accumbens parece maximizar la potencialización de la recompensa por el dinero, sin parecer dar mayor enfoque a la forma de obtenerlo, sino únicamente a su tenencia. No parecen importar aquí los medios, pues la acción humana necesaria para su adquisición parece perder relevancia, donde la conducta del individuo parece estar más dada a la necesidad de acumular dinero, al incremento de su masa monetaria, y al disfrute del poder derivado de su propiedad, sin parecer importar las acciones para su obtención.

En adición a lo antes indicado, puede asociarse también que esta actividad neural, que pareciera estar ligada a un deseo casi incontrolable por la obtención de dinero, parece ligarse a una conducta adictiva por recompensa, pues en esencia, la persona busca la obtención del dinero, y poco o nada atención brinda a las formas para su apropiación, persiguiendo así un incremento de su poder social, tema asociado hasta cierto punto a la ínsula, región cerebral con algún enfoque al comportamiento y a la supervivencia social, factores que se ven estrechamente vinculados a la precisión del dinero como un medio de generación de poder, lo que vendría a completar la recompensa adictiva que se genera en primer lugar.

Puede así indicarse, que el patrón neural de la corrupción financiera, da inicio por un deseo cuasi-adictivo hacia la obtención de un poder social, el cual conlleva consigo la búsqueda fácil de la acumulación del dinero, todo esto en aras de satisfacer la recompensa inicial añorada, la cual ha sido precisada, prácticamente como un comportamiento adictivo. A esto debe sumársele, que el individuo no presta atención al respeto hacia terceros y a las situaciones dañosas que pudiese ocasionar en su entorno, y para con las demás personas involucradas, perdiendo así toda cognición lógica o ética en cuanto a la forma de obtención y acumulación del dinero en cuestión.

Surge aquí la pregunta ¿Es el dinero en sí mismo un elemento corruptor?, claramente la respuesta es negativa, pues el peculio en sí mismo, no es más que un instrumento y un bien, que como cualquier otro, puede ser utilizado para bien o para mal, y todo se define por la decisión final del individuo, así como el accionar específico para su obtención.

En este punto resalta el concepto de la decisión financiera o dineraria, es decir, aquella cognición humana que la persona debe activar para poder realizar de forma diligente, tanto los procesos para la adquisición y uso del dinero, la cual se liga de forma directa al concepto de la sinapsis neural, que básicamente implica el contacto y espacio entre neuronas, y que permite a la persona contar con una comprensión a fondo de sus decisiones, su entorno y las consecuencias derivadas. Esta situación puede presentar procesos profundos de pensamiento y autoanálisis, o bien, simples decisiones impulsivas sin mayor entendimiento o uso de razón, lo que parece precisar una máxima en la conducta neuro-financiera, que señala que a mayor procesamiento sináptico, los incrementos en neurotransmisores emocionales parecen controlarse de mejor manera, y viceversa.

Finalmente, siempre en ligamen a la corrupción neuro-financiera, surge un área de sumo interés en la decisión final de la persona, entiéndase, el lóbulo frontal. Este es el encargado de gestionar el procesamiento de la información, el sentido común, el orden racional, hasta cierto punto la ética, y quizás la de mayor interés, los frenos inhibitorios del individuo. Además, una vez que la persona logra precisar decisiones financieras estructuradas sinápticas, en conjunto con el uso del lóbulo frontal, los temas ligados a la ética y a la capacidad de auto inhibición, tienden a tomar relevancia. Es de interés señalar que la inhibición neural debe entenderse como la capacidad de discernir entre lo correcto y lo que no lo es, lo bueno y lo malo, lo moral y lo inmoral.

Llama la atención lo anterior, pues parece ser que el génesis de este sentido ético, entiéndase de la activación del lóbulo frontal, se asocia a una decisión humana, la cual en caso de ser omitida, la persona termina cayendo en los denominados sesgos de validación, donde una acción incorrecta trata de ser aprobada por parte del mismo individuo, o bien, donde las decisiones aún contrarias a la ética tratan de validarse. Destaca acá el sesgo heurístico de la cuantía dineraria, en la cual la persona se auto indica la permisividad de robar o tomar de forma ilegal un cantidad pequeña de dinero, pues en su totalidad no afecta al negocio mayor, no obstante, estas decisiones y estas autovalidaciones generan una acción, la cual de forma repetida genera un hábito, y posteriormente derivan en conductas ilícitas, donde ya la cuantía poco importa.

Resalta acá la importancia de la capacidad humana del libre albedrío, y el poder de la cognición propia hacia la existencia y el uso de frenos inhibitorios, entiéndase, la tenencia de valores inculcados, la transcendencia humana, la ética, la espiritualidad, o incluso, la creencia en un ser superior, aspectos que en último momento, permiten que la persona pueda decir que no a la obtención del dinero de forma fácil y por medio de actividades ilegales, señalando así que la corrupción empieza por una decisión humana, y puede detenerse de la misma manera.

Toma así relevancia el poder que la decisión humana tiene, en especial, cuando esta es ligada a la capacidad de decir que no a la obtención ilegal del dinero y al irrespeto del derecho de terceros. Temas que al final, deben ser puestos en práctica en el diario vivir, y que derivan en el bien de la misma persona en términos de su neuro-conducta, así como de la sociedad en general.






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