Logo La República

Lunes, 19 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Cónyuges mal avenidos

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 10 marzo, 2016


 Estamos ante algo más que un nuevo rifirrafe en un rosario de incoherencias, divorcios y extravíos, de lo que sacan partido para intrigar —desde atrás— poderosos intereses decididos a minar al SFE y amputar sus competencias

De cal y de arena

Cónyuges mal avenidos

Los ministros de Agricultura y de Comercio Exterior han chocado de frente. No es el primer encontronazo entre ministros de la administración Solís Rivera. Sin duda, tampoco será el último. Dentro de la heterogeneidad que se da al seno del actual gabinete —en sus primeros días se evidenció que algunos miembros ni se conocían entre sí— los choques no son de extrañar. Es un riesgo que está en el buen discernimiento del Jefe de Estado advertirlo y anticiparlo por el interés de la buena marcha del gobierno y de sofocar lo que puede ser un fuego que haga pavesas el caudal político, la credibilidad y su capacidad de convocatoria ante la sociedad. Él debió percatarse a tiempo de que en el libreto que siguen los ministerios de Agricultura y de Comercio Exterior se evidencian contenidos distintos en torno a la interpretación de lo que es un asunto crucial para el desarrollo de la economía: el grado de apertura comercial, el alcance de las normas jurídicas y técnicas para dimensionarla y la entereza exigible al funcionario ante las presiones de los intereses creados. Parece que no se percató y que omitió marcar la pauta a este respecto para determinar, con la fuerza de un liderazgo, rumbos y metas. De ahí viene el chispero que se enciende y se apaga en las relaciones de estos ministerios, consecuencia evidente de la ausencia de liderazgo presidencial.
El reciente público disenso entre los referidos despachos resultó de las impertinentes (sí, porque no está en una inteligente gestión diplomática acudir a la prensa a generar un escándalo) quejas del embajador de Estados Unidos por los términos en que discurre la operación del Servicio Fitosanitario del Estado el cual, dice Mr. Stafford F. Haney, se maneja de manera “política y no técnica”. Sus ayes hallan caluroso reposo en el ministro Alexander Mora para quien el director del SFE se ha conducido por rumbos “fuera de lugar” y en un canciller, Manuel González, que oficiosamente concurre a la bronca para reclamar “poner orden” en la gestión del SFE, pero no se atreve a advertir que el diplomático ha pisoteado la Convención de Viena en punto a los deberes del agente acreditado de no inmiscuirse en los asuntos internos del país que le recibe, a respetar sus leyes y a limitarse a tratar con el ministerio convenido los asuntos de su interés. Estamos ante algo más que un nuevo rifirrafe en un rosario de incoherencias, divorcios y extravíos, de lo que sacan partido para intrigar —desde atrás— poderosos intereses decididos a minar al SFE y amputar sus competencias en lo que el ministro Arauz ha definido como “labor necesaria para salvaguardar la salud y competitividad de las actividades agropecuarias”. Lo debió percibir así el Presidente de la República en beneficio de la ordenada marcha de su brigada ministerial en cuyo seno se evidencia la necesidad de un ejercicio de liderazgo político ejemplarizante. Y si no está en las prácticas habituales de nuestras autoridades hacerlo, séanos permitido recordar que es el gobierno americano la más generosa fuente de subsidios a sus agricultores y el que por los mismos afanes proteccionistas, tiene entrampada la Ronda Uruguay.

Álvaro Madrigal