Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 28 Marzo, 2013

La reconstrucción de la vía San José - San Ramón tiene todas las características de los “contratos tigre” presentes en el acontecer del desarrollo económico inicial del país


De cal y de arena

Contratos tigre

Ese contrato en el que el Estado concede la reconstrucción de la carretera entre San José y San Ramón tiene todas las características de los “contratos tigre” presentes en el acontecer del desarrollo económico inicial del país, cuando el interés nacional por asegurar un ferrocarril entre costa y costa chocaba con aquella franciscana pobreza fiscal que lo hacía quimera infranqueable.
Don Cleto González Víquez abunda en la auscultación de las páginas negras de aquellas contrataciones paridas, así los describe, como pícaros y verdaderas aves de rapiña que se aprovechaban en algunos casos de agentes de nuestro gobierno de relevantes méritos pero carentes de la malicia necesaria para descubrir la esencia de la contraparte.
La carestía de recursos presupuestarios y las dimensiones de la necesidad de contar con un ferrocarril no justificaron, empero, las precipitaciones e improvisaciones del presidente Tomás Guardia que llevaron —dice don Cleto— a desaciertos de peor suerte a la hora de escoger a negociadores que fueron “insignes filántropos y almas generosas y compasivas” que aseguraron resultados desastrosos.
Otra cosa, piensa este ilustre historiador, hubiese pasado si hubiéramos confiado en firmas de primera respetabilidad. En tan azaroso tránsito de aquel noble y justificado afán, surge finalmente el Contrato Soto-Keith por el que se posibilitó la construcción del ferrocarril entre San José y Limón, de un innegable valor político, económico y social pero también con un contenido claramente dirigido a cautelar los intereses del concesionario en daño del bien común. El Soto-Keith es el arquetipo de los “contratos tigre”.
El contrato con la firma brasileña OAS para cederle la concesión de la explotación de la carretera entre San José y San Ramón a cambio del compromiso de modernizar su estructura y su trazo, ha encendido la hoguera de la indignación. No porque se vea una trivialidad en el emprendimiento de la reconstrucción sino por la constatación de que el país está pactando un simple remozamiento de la vía a cambio del cobro de peajes desproporcionados al monto de la inversión y vigentes en plazo evidentemente abusivo.
Se trata de mejoras que apenas en unos pocos tramos de los 58 kilómetros de la vía podrían responder al concepto de una autopista de primer orden para servir en el eje principal del tránsito principal del país, por las que se pagarán $524 millones a recuperar en 30 años en cinco peajes. ¿Cómo llega el Estado a estos extremosos renunciamientos que con justificada razón desatan la ira de los usuarios y atizan la hoguera de una población que siente el devastador efecto de la pérdida de valores?
La respuesta se encuentra en las observaciones que hace don Cleto respecto a la capacidad, los conocimientos, la experiencia, las reservas patrióticas de quienes llevan la representación de los intereses del Estado. Ayer, a propósito de los contratos ingleses; hoy caben en punto a Alterra, Autopistas del Sol, Moín, Caldera, OAS… ¿qué más?

Álvaro Madrigal