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Pareciera que las condiciones en 2016 van a ser diferentes a las que vimos este año en lo que al tipo de cambio se refiere, con un poco de volatilidad, especialmente de depreciación, pero hasta el segundo trimestre.
Tampoco es que se espera un tipo de cambio por encima de los ¢550 por dólar, pero es un buen momento para ver diferentes opciones para sus inversiones, empresas y economía personal.
Si viviéramos en un escenario donde el Banco Central no interviniera en el mercado cambiario, y pensando que por las condiciones actuales de la subida de tasas en Estados Unidos, esto traería una reducción paulatina de dólares existentes en nuestra economía, la devaluación sería un hecho.
A esto se le debe añadir que no habrá presión por nuevos $1.000 millones en 2016, ya que no habrá Eurobonos y no existe un plan B por el momento para financiar el déficit, por lo que las presiones de apreciación de este año, no deberían verse.
Sin embargo, hay que tener claro que el Banco Central tiene desde enero pasado de ser un jugador importante en el tipo de cambio, primero para alimentar sus reservas monetarias que ya superan los $8 mil millones, al estar activamente comprando dólares y segundo manteniendo una especie de “techo y piso”, todo el año, que no superó los ¢542 o bajó de ¢527 en el mercado mayorista.
Una de sus estrategias fue mantener un programa de compra de dólares de hasta $800 millones que se vence hasta dentro de un año, pero del cual ya ha ejecutado cerca del 80%.
Esto seguramente lo modificará en el Programa Macroeconómico que debe presentar en un mes aproximadamente.
Las reservas monetarias son los recursos que el país tiene para hacer frente a dificultades externas; por ejemplo, un incremento en el precio de un producto importante o una salida de capitales, entre otros.
La abundancia de divisas que tuvo el país este año, explicada en parte por los Eurobonos y la reducción en el precio del petróleo —factura petrolera—, obligó a la entidad comprar mucho para que el tipo de cambio no bajara, incluso hay quienes pensaron en números de ¢515 por dólar.
Por otro lado habrá que ver cuál será el papel de las entidades financieras principalmente las que se fondean en dólares que traen de afuera, para ver cómo perjudicaría esto en el mercado cambiario.
“Si bien es posible que el costo de nuevos recursos pueda subir, no visualizamos que las tasas en dólares vayan a crecer de forma significativa, pues la Fed tendrá que dar un espacio prolongado de tiempo para que los mercados se acomoden, antes de realizar nuevos ajustes. Esto implica que no visualizamos mayor problema para que la Banca pueda seguir ampliando sus relaciones comerciales con la banca internacional”, explica Hairo Rodríguez, gerente general de Banco Cathay.

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