María Luisa Avila

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Jueves 26 Enero, 2012


Tricotomía
Contemos la historia y no los muertos

En el país de los dimes y los diretes, que pocos prefieren, el tema de la universalización de la vacuna contra el neumococo sigue generando controversia. Olvidando que en salud es pecado mortal caer en parálisis por análisis.
No han bastado las recomendaciones de la OPS-OMS, el criterio de los verdaderos expertos, estudiosos e investigadores, la experiencia exitosa de otros países, el dolor de las vidas pérdidas, las discapacidades ocasionadas, para que sus detractores continúen en su ataque injustificado. Quienes deberían hoy levantar la voz a favor de la niñez callan, y disfrazan su falta de conocimiento y de compromiso con los consabidos argumentos de siempre: “…estamos analizando la situación, hemos consultado a “expertos”, estamos formando una comisión, la decisión tuvo debilidades, esa muerte no se podía prevenir...”. Argumentos que a la postre nunca convencerán, ni reconfortarán a los familiares de las víctimas, ni a nosotros sus médicos tratantes.
Para los que ven la vida humana en términos financieros, esta cifra les puede interesar: “en tres de los varios niños que tuvimos internados en el 2011 a causa de una infección por neumococo, los costos hospitalarios básicos representaron ¢84,788.992”.
Muchos quizá desconocen que el costo de un día de hospitalización básica en el HNN es de ¢718.550,79. En un periódico leí y a una autoridad sanitaria le oí decir que “la efectividad de la vacuna no se cuestiona”; eso sería el colmo, pero ante este reconocimiento de efectividad, la pregunta obligada es ¿cuántos muertos se necesitan para que consideren acertada la universalización?
La Dra. Ana Morice, exviceministra y reconocida experta en estos temas, mencionó: “la historia de éxitos de los programas de vacunación siempre ha sido ir mejorando los esquemas, nunca hacia atrás. Revertir la decisión de la vacunación universal contra neumococo tiene un costo social —que, por supuesto, es el que más me dolería— pero también tendría un elevado costo político, pues sería la primera vez en la historia de la salud pública de Costa Rica que una vacuna se excluya del esquema de vacunación”.
La universalización de la vacuna es una correcta decisión país que se tomó en el gobierno anterior, estaba en el Plan Nacional de Desarrollo y en los compromisos del gobierno con la ciudadanía, tres cohortes de costarricenses ya han sido beneficiados, así que lo que las actuales autoridades están considerando es revertir una decisión tomada y ejecutada.
No como expolítica, sino como pediatra infectóloga a la que le resulta muy difícil y doloroso darle explicaciones a una familia que su hijo o hija murió por una enfermedad inmunoprevenible, abogaré hasta el cansancio —y no me canso con facilidad— por el derecho de la niñez costarricense a tener esquemas de vacunación de primer mundo.
Para que al final contemos la historia y no los muertos, la ciudadanía en general y los padres de familia en particular deberían movilizarse y exigir su derecho a la vida y a la salud.

María Luisa Avila