Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 9 Junio, 2016

 La salida más fácil siempre será culpar a nuestro gerente general, director ejecutivo o presidente del país por las cosas que están sucediendo, sin aceptar que hay cosas que no están sucediendo de las que nosotros somos los únicos culpables

Construir una marca es el resultado

Hay “fracasos famosos” que han quedado registrados en la historia. Albert Einstein, Michael Jordan, The Beatles, Steve Jobs, Walt Disney son solo algunos de esos casos. También trascienden publicaciones actuales como los hombres de negocios más influyentes del mundo o las mujeres más poderosas del mundo.
Lo que tengo en mis narices son cuatro mujeres en un restaurante bullicioso en medio de un partido de la Sele en el que de momento vamos perdiendo 3-0 ante Estados Unidos, lo que me hace pensar en el país del Norte no solo como potencia en el fútbol, sino como evidente potencia económica de la que si bien importamos modelos como el de Starbucks en el que la gente va con su computadora a hacer fluir sus ideas con café en mano, también es cierto que más allá de la actividad turística, no hemos sabido hacer lo que países como Estados Unidos saben hacer muy bien en el fútbol o en los negocios: “construir una marca en el mundo”.
Sus cuestionamientos son entendibles: “las cuatro mujeres que tiene en frente podrían no ser un buen parámetro para llegar a una conclusión determinante”, pensarán muchos de ustedes; yo no podría hacer nada diferente que darles la razón pues definitivamente la muestra no puede estar más lejos de ser representativa de la población costarricense; el ejemplo realmente es una anécdota y no un dato estadístico.
Voy con otra anécdota. Un amigo al que estimo mucho, preguntaba hace unas tres semanas por los economistas más preparados, inteligentes e influyentes del país con edades inferiores a los 35 años. Yo le di mi opinión, aunque tuve que pasar por la pena de aclararle que no creía que los colegas treintones de Costa Rica tuviéramos todas esas características juntas, afortunadamente inteligentes y preparados conozco varios, pero influyentes no llegué ni a tres…
De nuevo, esta muestra no representativa de todos los profesionales de Costa Rica, sí que tendría que asumir la responsabilidad de “construir una marca, si no en el mundo, al menos sí en el país”… y aunque resalto que mi amigo, que nada tiene que ver con economía, está haciendo un esfuerzo por visibilizar las ideas que los economistas jóvenes no hemos sido capaces de promover por nuestra propia iniciativa, lo que me preocupa es que en términos generales, no veo que como país, estemos más que “construyendo marcas”, “dejando legados”.
Como país podemos convertirnos en una muy buena referencia de la metáfora “fracasos famosos” (al mejor estilo de Albert Einstein o Walt Disney), o podemos ser actores silenciosos de la materialización misma de un verdadero fracaso.
La salida más fácil siempre será culpar a nuestro gerente general, director ejecutivo o presidente del país por las cosas que están sucediendo, sin aceptar que hay cosas que no están sucediendo de las que nosotros somos los únicos culpables.
No basta con creerse inteligente, pensador, líder, emprendedor, inversor, científico, filántropo, influyente… las personas y los países que trascienden, son los que evidencian logros, hechos, resultados, los que actúan… los que fallan porque intentan cosas nuevas y no porque están sentados esperando a que alguien les reconozca lo que piensan, pero que nunca le dicen a nadie.
El derecho a reclamar debería acabarse cuando no cumplimos con el deber de al menos poner nuestro esfuerzo en dejar legado positivo… si queremos ser “alguien”, hagamos “algo”.

Alejandra Esquivel