Construcción y agro luchan por inmigrantes
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Auge de proyectos inmobiliarios en las zonas costeras y crecimiento de cultivos provocan inestabilidad y especulación en salarios
Agro y construcción pelean por mano de obra

• Ambos sectores están demandando alrededor de 17.500 empleos más para los próximos meses
• Costarricenses ven estos trabajos como última opción, por lo cual empresarios piden flexibilizar ingreso de nicaragüenses al país

Natasha Cambronero y Karen Retana
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La necesidad de mano de obra para dar abasto con la demanda de proyectos inmobiliarios y a la vez atender las cosechas, ha propiciado una guerra por personal entre el sector agrícola y el de la construcción.
Ambos se encuentran inmersos en una carrera contra el tiempo para cumplir con los contratos pactados, tanto en ejecución de obras como en entrega de productos.

La situación de los sectores es desalentadora, pues en ocasiones necesitan hasta 90 días para poder conseguir personal.
“En la planta empacadora contamos con unos 80 empleados. Si queremos abrir otro turno en la noche, para conseguir esta misma cantidad de gente tardamos hasta tres meses”, dijo Cristian Herrera, de la empresa piñera Del Huerto.
Esto ocurre principalmente por la expansión inmobiliaria que se ha venido dando en las zonas costeras del país, que ha llegado a competir en mano de obra con cultivos como el melón y la piña.
Las proyecciones señalan que este año el sector construcción demandará unos 42.500 empleos adicionales en las regiones Ch
orotega y Pacífico Central. Lo anterior sin tomar en cuenta las necesidades para los años venideros, que se proyectan en 77.300 trabajadores adicionales.
Por su parte, la agricultura da trabajo a alrededor de 750 mil empleados y actualmente tiene un faltante de 75 mil trabajadores.
Esta urgencia por mano de obra también ha propiciado la contratación de recurso humano poco calificado.
“En el caso de la construcción esto genera preocupación, ya que la falta de formación podría traducirse en una baja calidad de las obras y en errores que eventualmente podrían comprometer la seguridad del cliente”, indicó Olman Vargas, director ejecutivo del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA).
De igual forma, en el sector agrícola han ido incorporando nuevos mecanismos que reemplacen el trabajo humano, por el faltante de empleados que existe en el país.
“En algunos proyectos muchas labores de empaque se están mecanizando, no con la finalidad de desplazar la mano de obra, sino por el problema que tenemos; antes se hablaba de que era en el verano, —cuando venía la temporada de melón, sandía y mango— que se daba este inconveniente, pero ahora prácticamente lo percibimos todo el año”, aseguró Abel Chaves, presidente de la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña.
La urgencia de llenar plazas también ha provocado el pago de sobresueldos.
“En los últimos años la fuerza laboral ha sido tan escasa que hemos tenido que competir con los sueldos, porque si a los trabajador
es no se les paga lo que quieren, en la tarde ya están trabajando en los cultivos del vecino”, afirmó Herrera.
La competencia por ver quién da más por sus empleados ha generado preocupaciones en la competitividad, ya que el país puede ir perdiéndola por los altos costos de producción.
“En café, por ejemplo, se paga más por la cajuela de que lo que dice la ley, pero esto encarece los costos y nos hace perder competitividad”, manifestó Alvaro Sáenz, presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria.
El panorama es preocupante tomando en cuenta que los jóvenes ya no quieren dedicarse a las labores agrícolas y de construcción.
“El hijo del productor ya no quiere trabajar en la tierra, los jóvenes tienen más opciones, ya ven la agricultura como una última ins
tancia”, aseveró Chaves.
La disputa que existe entre ambos sectores se agudiza con el hecho de que en la agricultura se debe cumplir con ciertos certificados internacionales que avalen las políticas laborales que las empresas tienen con sus empleados, mientras que en Construcción no, por lo cual se puede prestar para contratar ilegales.
Por ejemplo, el mercado europeo, que compra el 50% del melón y la piña nacional, cada año realiza inspecciones entre sus proveedores para conocer las condiciones en que se encuentran sus operarios; todos ellos tienen que contribuir con la seguridad social, deben tener jornadas de ocho horas y recibir pago por horas extras.
“La construcción, como puede especular más, puede pagar más. Hay una competencia en el pago, además muchos no cotizan a la seguridad social”, dijo Eliécer Araya, presidente de la Cámara Nacional de Exportadores y Productores de Melón.
Ante ello, en el sector de la construcción responden que “lo que sucede es que en el área agrícola las jornadas son de menos horas y la contratación es estacional. Mientras que en la construcción se puede obtener una mayor remuneración y más horas de trabajo por semana”, de acuerdo con Rodrigo Altmann, presidente de la Cámara de la Construcción.
Altmann añadió que no se puede generalizar si alguien no paga el seguro social, “Representamos el sector más formal, estoy seguro de que las empresas que forman parte de la Cámara cubren las garantías sociales de sus trabajadores”.
Una de las opciones que s
e barajan para sufragar la fuerte demanda es a través de mecanismos que faciliten el ingreso de extranjeros a trabajar en estos sectores.
Para ello, conjuntamente con Migración, Gobernación y la Caja Costarricense de Seguro Social, diferentes sectores de la construcción y la agricultura se han venido reuniendo para flexibilizar los mecanismos de ingresos de extranjeros, principalmente nicaragüenses.
Precisamente, la Dirección General de Migración y Extranjería entregó un proyecto ante la Asamblea Legislativa para reformar la Ley de Migración a fin de simplificar los procesos para obtener permisos de trabajo, señaló Mario Zamora, director de dicha dependencia.
El objetivo de esta iniciativa es lograr una migración segura, pero simplificada.
En la Cámara de la Construcción comentaron que se realizó un convenio entre Costa Rica y Nicaragua para traer 10 mil trabajadores nicaragüenses a laborar en el país; sin embargo, se ha aprovechado poco. “Si acaso un 10% se ha ocupado, debido a que algunos proyectos no han arrancado porque están entrabados con los permisos”, agregó Altmann.
No obstante, en el sector agrícola aseguran que sobran intenciones por parte de las autoridades, pero falta compromiso.
“Llevamos más de un año diciéndole al Ministerio de Trabajo y a Migración sobre este problema, hemos avanzado algo pero es una lentitud espectacular, incluso planteamos un decreto para flexibilizar el proceso de regularización de los ilegales en Costa Rica, que fue aceptado bajo un régimen de excepción”, aseguró Sáenz.


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