Consecuencias del “No” por referéndum griego
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Consecuencias del “No” por referéndum griego

 Al seguir el consejo de su gobierno y votar por el “No” en el referéndum del domingo, los ciudadanos griegos enviaron un mensaje inequívoco.
A la manera de los estadounidenses retratados en la película “Network”, que abrían sus ventanas para gritar “Estoy harto y no soportaré más esto”, los griegos están exigiendo al resto de Europa que reconozca su aflicción.


A esta altura, empero, sólo unos pocos líderes europeos parecen dispuestos a escuchar y un número aún menor se muestra dispuesto a brindar el tipo de ayuda que necesita con desesperación Grecia.
Las consecuencias se sentirán principalmente en Grecia, pero también en Europa y más allá.
A continuación, se exponen varias consecuencias de la votación que podrían desarrollarse en los próximos días.
La victoria del bando del “No” —con más de 60% de los votos, según los resultados preliminares— provocará inicialmente una liquidación general de títulos globales, además de presiones sobre los precios de los bonos emitidos por Grecia, otras economías periféricas de la eurozona y los mercados emergentes.
Los bonos públicos alemanes y estadounidenses se beneficiarán con la huida hacia la calidad.
Por otro lado, los políticos europeos, que fueron tomados desprevenidos, tratarán en forma urgente de recuperar la iniciativa: la canciller Angela Merkel de Alemania y el presidente François Hollande de Francia se reunieron en París ayer para trabajar en una respuesta.
En un mundo perfecto, estos líderes actuarían en forma rápida y eficaz con el gobierno griego para dejar atrás el conflicto y la acrimonia que precedió el referéndum. Esto probablemente resulte difícil, considerando la desconfianza, la mala sangre y las acusaciones perjudiciales que envenenaron la relación.
Asimismo, pese a esos problemas, los políticos griegos y europeos no tienen demasiado tiempo para organizarse.
Las espantosas condiciones en Grecia se agravarán mucho más antes de mejorar. Sin una ayuda enorme de emergencia del Banco Central Europeo —una decisión que enfrenta pocas probabilidades—- al gobierno le resultará difícil conseguir dinero para los cajeros automáticos del país, ni hablar de reabrir los bancos.
Otro factor es que al aumentar el acaparamiento, se intensificará la escasez de productos, inclusive de combustible y alimentos.
Se ajustarán los controles de capital y de pagos. La economía descenderá un escalón preocupante, agravando el desempleo y la pobreza. Y el gobierno tendrá dificultades para pagar a los pensionados y los salarios de los empleados públicos.
Por lo tanto, el gobierno se verá cada vez más presionado a emitir algún tipo de pagaré para mantener una idea de economía en funcionamiento. Si lo hace, los pagarés asumirán la función de una moneda paralela, cotizada internamente con descuento respecto de la moneda única.
Fuera de Grecia, se pensará a fondo cómo limitar las repercusiones adversas. El BCE probablemente tendrá que lanzar nuevas medidas para frenar el contagio regional, como por ejemplo ampliar el programa actual de compras de títulos en gran escala. Esto debilitará el tipo de cambio del euro. Además, junto con el Fondo Monetario Internacional —con el cual Grecia ya tiene retrasos— los funcionarios se prepararán para cesaciones de pagos griegas seriales.
Todas las partes involucradas activarán su modo Plan B. Esta transición será probablemente mucho más traumática para Grecia que para el resto de Europa.
Con el objetivo último de contrarrestar lo antes posible la posibilidad de un mayor sufrimiento humano, dolor e incertidumbre, Europa cuenta con los instrumentos y las instituciones para limitar el contagio y mantener la integridad de la eurozona. Pero esto exigirá una acción del BCE.

Bloomberg


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