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Hay medidas que pueden tomarse para distanciarnos cada vez más del nefasto calificativo de “la región más violenta del mundo”

Condiciones que generan paz

Al medir el nivel de paz de los países centroamericanos Costa Rica aparece en el primer lugar, seguido por Panamá, que ocupa el segundo, de acuerdo con el Global Peace Index 2012.
Sin embargo, esto no es motivo para sentirse bien puesto que la región centroamericana, como sabemos, es considerada hoy la más violenta del mundo.
No obstante, nuestro país logró en 2011 tener un leve descenso en la tasa de asesinatos.
Esto indica que es momento de mantener y emprender con mayor empeño aún, acciones tendientes a mejorar cada día esta situación.
En realidad, de acuerdo con el ranking publicado por este medio ayer, el nivel de homicidios y muertes violentas en Costa Rica y Panamá es comparable con el del resto de las naciones del istmo, siendo los que marcan diferencias otros factores como el acceso a armas, los conflictos internos o externos y la estabilidad política.
Es por ello que en nuestro país es de la mayor importancia dedicar significativos esfuerzos a mejorar aspectos de la sociedad que pueden contribuir a la disminución de los homicidios y las muertes violentas.
Uno de ellos es el fortalecimiento de la familia. Deben hacerse grandes esfuerzos para que esta sea un espacio capaz de brindar seguridad, de educar con el buen ejemplo, de conservar y transmitir valores. Un espacio en donde los hijos puedan sentirse bien y en condiciones de rechazar influencias negativas.
Además, debemos formar adecuadamente a la policía para que se constituya en un verdadero órgano capacitado y con la cantidad de efectivos y la tecnología suficiente para cumplir con su misión de brindar seguridad a la población. Este proceso debe iniciarse con una selección cuidadosa de las personas que integrarán dicho cuerpo, que deberán ser de intachables y probados antecedentes y condiciones morales y éticas.
Por otra parte, hay ya suficientes datos a nivel mundial que demuestran que el desarme baja los niveles de homicidios y muertes violentas.
El ideal no puede ser que cada ciudadano porte un arma para ejercer su propia defensa porque se sienta permanentemente amenazado, sino que los gobiernos sean capaces de crear y entrenar a un cuerpo de policía competente para cuidar con eficiencia y buenos resultados a la gente.
Estas y otras medidas deberían irnos distanciando cada vez más del nefasto calificativo de “la región más violenta del mundo”.
Las sociedades donde hay empleo digno, acceso universal a la salud y la educación, están en mejores condiciones de mantener un ambiente de paz.
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