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No más esclavos

Carmen Juncos
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La apertura de mercados, que nos ofrece la posibilidad de adquirir productos hechos en cualquier parte del mundo, nos trae también la inquietud de comprender cuán importante es el grado de conciencia y la actitud del consumidor.
Durante el inicio de las actividades del Costa Rica Fashion Week, en el que tuve oportunidad de compartir con personas involucradas en el negocio de la moda y de la industria textil, no solo de Costa Rica, sino también de otros países latinoamericanos, escuché una charla que brindó el director de la actividad, Juan José Jiménez.
Me impactó entre otras cosas su referencia a las condiciones infrahumanas en que trabajan los empleados (casi esclavos) de algunas empresas (¿pueden llamarse empresas?) que los hacen laborar 18 horas diarias por casi nada de paga y sin día libre.
Comprendí que deberíamos tener en Costa Rica lo que en otros países existe, conciencia, como consumidores, de no adquirir productos que hayan sido fabricados en esas condiciones. Imagínese como podría sentirse una persona usando una prenda a sabiendas de que alguien casi muerto de hambre y agotamiento la fabricó.
En general, creo que en el país se está formando, aunque lentamente, un nuevo tipo de consumidor, mucho más consciente, por ejemplo, de la calidad de los alimentos, de la importancia de apoyar a la incipiente industria nacional en casos de importantes logros con productos capaces de competir por alta calidad, bellos diseños y valor agregado, del valor de contar con productos libres de químicos, de la importancia de leer etiquetas en productos empacados y otra serie de aspectos que tienen que ver con el poder del consumidor.
Pero a todo eso, creo que habrá que sumarle el asegurarse de que lo que nos están vendiendo no se ha producido con los llamados “nuevos esclavos”. Después de todo, creíamos abolida la esclavitud…
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