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Sábado, 24 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


Comparaciones que nos cuestionan

Juan Manuel Villasuso [email protected] | Martes 14 septiembre, 2010



Dialéctica
Comparaciones que nos cuestionan


El Informe de Competitividad Global 2010-11, recién publicado por el Foro Económico Mundial de Davos, es un documento riquísimo cuya información permite tener una amplia visión comparativa de la situación de los países en el contexto internacional.
Si bien algunos de los indicadores del informe son el resultado de opiniones y no de datos estadísticos “duros”, reflejando así subjetividades que pueden variar según latitudes, lo cierto es que la diversidad de los temas y la profundidad de su tratamiento le conceden al estudio un gran valor analítico.
En la prensa nacional se ha destacado uno de los aspectos que con gran claridad se derivan del documento: la carencia de infraestructura física y la mala calidad de la existente son factores que impiden a nuestro país lograr mayores niveles de crecimiento y desarrollo. El mayor problema reside en la infraestructura vial, portuaria y ferroviaria, que está entre las peores de las 139 naciones evaluadas; rezagada incluso en el ámbito centroamericano.
Sin embargo, de los cuatro pilares conceptualizados como básicos: instituciones (51), infraestructura (78), ambiente macroeconómico (108) y salud y educación primaria (22), la infraestructura no es la dimensión en la que nos colocamos en la peor posición. Es en el denominado ambiente macroeconómico donde obtenemos la peor valoración.
Tres son los factores que influyen en esa mala calificación. Primero, los altos márgenes de intermediación del sector financiero (124); segundo, la reducida tasa de ahorro nacional (113); y tercero, los niveles de inflación (113). Contrario a lo que algunos podrían pensar, en el campo fiscal (balance presupuestario) Costa Rica se ubica en el lugar 48, mejor evaluada que otros vecinos latinoamericanos como Chile, Brasil o El Salvador, y por encima de economías del G-8 como Francia, Inglaterra o Estados Unidos.
Respecto a los elevados márgenes de intermediación financiera, este elemento negativo ha estado presente en la economía costarricense desde hace varias décadas y fue atribuido a la falta de competencia y al monopolio de la banca estatal prevaleciente en el pasado. La apertura del mercado financiero se suponía que resolvería ese problema. Sin embargo, la liberalización financiera ya tiene más de dos décadas y no lo ha solucionado. ¿Por qué? ¿Sucederá lo mismo en otros sectores que inician su apertura?
En relación con la reducida tasa de ahorro nacional, esta se puede asociar con la promoción del consumismo, la proliferación de las tarjetas de crédito y el abandono de valores tradicionales. “Guardar para el futuro” ya no es una virtud. Pero también está relacionada con la inversión pública, sometida a restricciones exageradas en aras de un severo equilibrio fiscal, cuyas bondades no han sido demostradas, y sí ha provocado el deterioro de la infraestructura, que ahora se aprecia como pilar básico productivo. ¿Será posible elevar los niveles de ahorro interno y apoyar una mayor formación de capital?
La mala calificación en materia de inflación llama la atención y contrasta con la política manifiesta del Banco Central, que desde hace varios años estableció como su único objetivo la lucha contra el aumento de los precios. Costa Rica se coloca a la zaga de todas las naciones latinoamericanas, salvo Venezuela que padece de inflación crónica. ¿Impericia de los jerarcas del Central? ¿Políticas equivocadas?
Seguiremos revisando el Informe de Davos, muy revelador y generador de muchas interrogantes.

Juan Manuel Villasuso