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¡Como Pedro!

| Viernes 14 agosto, 2009



¡Como Pedro!

Ser visiblemente diferente puede salirle caro a quien no esté dispuesto a hacer valer su derecho a serlo. Podría recibir mensajes del entorno o de sus propios compañeros de grupo pidiéndole opacar algunas cualidades con tal de diferir o perder la homogeneidad. ¿Le ha ocurrido a usted algo parecido?
En el libro “Un Pavo Real en el Reino de los Pingüinos” se narra la historia de Pedro, un ave real que buscó triunfar en una empresa controlada por pingüinos que no admitían otras verdades ni comportamientos que no fueran los de ellos. Trató de cambiar el entorno y no pudo, entonces se fue al “reino de las oportunidades”, donde encontró que el respeto a la diversidad le permitía expresar sus opiniones, utilizar sus talentos y trabajar en equipo. Allí pudo ser él mismo, sin tener que intentar cambiar el entorno ni ser influido negativamente por este.
Cuando una persona, equipo o empresa posee una sólida identidad y tiene muy claras sus metas, es menos permeable a la influencia de otros actores y mantiene el control de su pensamiento y conductas. No se trata de ser indiferentes ni de negar realidades cercanas, sino de ser inteligentes para observar, analizar, aprender lo necesario y persistir en los objetivos propios. Pedro fue tentado y casi obligado a convertirse en pingüino, pero no estuvo dispuesto a negociar su identidad, su autoestima ni la visión que tenía de su futuro.
Los equipos que viven sus valores focalizan su energía en sus objetivos y no permiten ser desviados de ellos. Saben que si son exageradamente permeables a las críticas, las dudas, los halagos o reproches externos, se desgastarán mentalmente y marcharán con lentitud sobre caminos empedrados. Al mantenerse enfocados van desarrollando una mentalidad colectiva a prueba de distractores en el entorno y siempre permanecen en control de sí mismos.
Pedro conocía su naturaleza y confió en sus talentos e identidad, defendía su derecho a ser como era y nunca renunció a sus raíces. Poco a poco se abrió paso, logró convencer a otros de que en la diversidad crecía la energía, y que tampoco hacía sentido aniquilar la creatividad y la proactividad de quienes pensaran diferente dentro de un solo propósito compartido. Así son los equipos ganadores, integrados por personas con motivaciones diferentes, pero con un denominador común que les une.
Dejar de ser quien se es para complacer a los demás es la mejor manera de quedar mal con uno mismo. Ocultar el criterio personal para evitar conflictos es renunciar al uso de talentos que podrían hacer la diferencia, es plegarse a la regla: “así hacemos las cosas aquí y no se cambian.” Por eso es mejor sacar a flote a ese Pedro que habita en nosotros, para ser quien se es a pesar de los pingüinos que encontramos en los pasillos de algunas organizaciones.

German Retana
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