Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 12 Noviembre, 2011


ELOGIOS
Colonización a la moderna

Cuando Raúl Prebisch nos vendió en la postguerra el Proteccionismo nos aseguró que pagaríamos altos impuestos para defender y difundir la producción propia de cada país o de cada región del mundo.
Las industrias nacionales fueron dolorosas de aprendizaje y cuando llegué a Costa Rica, con poco más de un millón y medio de habitantes existían más de veinte armadoras de partes que eran consideradas fabricación nacional aunque produjeran unos pocos vehículos que nos costaban más que si los hubiéramos importado.
Antes de finales de siglo surgió una revolución mundial que consistía en la Globalización, es decir, en los mercados abiertos que favorecerían a los países que hasta entonces habían estado sometidos al manejo del comercio mundial y las ventajas que se obtenían en guerras, colonias y mano de obra hambreada, algo que nos brindó la Revolución Industrial y que históricamente nos hizo más pobres y más dependientes, salvo a los amanuenses locales del neoliberalismo.
Ahora dependemos de la estupidez financiera de los países desarrollados, estos están atados a Grecia y Estados Unidos está sujeto a que China le siga vendiendo chatarra barata porque ya el made in Usa es un lema del pasado.
La Globalización fue posible porque la tecnología nos invadió con toda clase de sobrantes de producción que debían consumir los pobres del mundo para que los ricos pudieran vivir mejor. Era preciso negociar en bloques y si a uno lo dejaban, entraría a uno de ellos en las condiciones que los poderosos quisieran imponer. El Bloque Norteamericano-Canadiense-Mexicano se constituyó en el Gran Mercado, seguido de la Comunidad Económica Europea y los asiáticos tomaron posiciones, pero Latinoamérica y Africa sumadas apenas alcanzaban un 6% en el concierto del comercio mundial: seguíamos jodidos.
El gobierno anterior nos dividió alrededor del TLC que los gringos no concluían de aprobar en su propio parlamento y por fin se vendieron las joyas de la abuela al igual que había ocurrido en Gran Bretaña después de la Guerra y por un tiempo se disfrutó de la herencia pero nos quedamos sin industria con bandera tica.
Las Empresas de Familia dividieron su patrimonio y buena parte de la riqueza nacional se fugó junto con los brillantes egresados con los que acabamos vendiendo el talento global mientras alimentamos a los países de gerontes que ya no requieren mano de obra barata pero nos compran el conocimiento en el que no han invertido.
Algo se ha mejorado: Umberto Eco sostiene que el Poder ya no está como otrora en la punta de los fusiles sino en los chips de las computadoras. Y cualquiera puede conmover los cimientos de los países desarrollados con un llamado telefónico, porque lo único que se globalizó fue el terror, la inseguridad, las drogas, la violencia, la impunidad y se acabó por vender el alma y rifar el corazón.
Lo que uno se pregunta es si hemos superado la etapa de la colonización del siglo XIX o en realidad le cambiamos el nombre por Globalización.

Leopoldo Barrionuevo
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