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Sábado, 23 de febrero de 2019



COLUMNISTAS


Colocar eurobonos en 2019

Analistas Ecoanálisis [email protected] | Martes 12 febrero, 2019


Entre diversos economistas y funcionarios se da una interesante discusión respecto a la conveniencia o no de colocar deuda pública en el mercado internacional para financiar el déficit financiero del gobierno, así como el pago de las amortizaciones que vencen este año.

He defendido la idea de separar la autorización de $1.500 millones para ser colocados en 2019 del resto de las emisiones solicitadas por Hacienda para 2020 a 2023 por $4.500 millones, y la necesidad de condicionar esa autorización en cada año al cumplimiento de metas cuantitativas claramente establecidas y fácilmente medibles.

Pero algunos consideran que se debe evitar o disminuir la colocación de este año, lo que implicaría que se deba recurrir en mayor medida de la prevista al mercado financiero local, que se deba disminuir el gasto adicionalmente a lo que establece el presupuesto aprobado o que se deban generar mayores ingresos.

Quienes abogan por mayor reducción del gasto en 2019 deberían especificar en qué rubros, pues de lo contrario la demanda no puede ser evaluada comparando sus costos y beneficios. También es precisa una propuesta específica, para poder evaluar su viabilidad política, pues ya sabemos cuántos años y esfuerzos costó aprobar la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.

Controlar el gasto, su monto, su razonabilidad, su eficacia y su eficiencia es responsabilidad permanente que todos los días debe realizar la Administración Pública. Pero no es tarea sencilla y es inconveniente demandar lo imposible.

La otra posibilidad es proponer que no se use deuda externa sino interna. Si esa deuda interna es en dólares y no en colones el efecto de su acumulación es similar a que si fuera externa. Pero no su impacto en el mercado local actual.

He argumentado que si no hubiera fricciones la diferencia entre endeudamiento interno y externo sería solo el menor costo por riesgo que pueda tener la deuda soberana, pues los privados podrían arbitrar entre los mercados endeudándose en el extranjero en vez de que lo haga el Estado. Pero lo cierto es que las experiencias de los dos últimos años nos señalan que vivimos circunstancias en que se dan fricciones que tornan muy inconveniente seguir colocando deuda pública interna adicional, y que más bien indican ventajas de transformar parte de la deuda interna en deuda externa. Esas fricciones han causado serios problemas de liquidez al gobierno en los dos últimos años, han generado muy altas tasas de interés y han acortado el horizonte de vencimientos de la deuda pública.

Hacerlo en estas condiciones solo en el mercado local pondría demasiado peso en el sector financiero doméstico, subiría en exceso las tasas de interés y debilitaría el crecimiento económico que ya es pobre. Ello a su vez podría empeorar los resultados fiscales por un menor crecimiento de los ingresos tributarios.

Más bien el objetivo planteado por Hacienda y el BCCR es cambiar deuda interna por externa para eliminar los problemas de iliquidez. También se persigue evitar los altos costos del financiamiento en un mercado tan limitado y especulativo y así no afectar negativamente el crecimiento de la producción. Además, poder modificar el perfil de la deuda pública extendiendo sus plazos para evitar situaciones como esta en los siguientes años. Esta estrategia debería llevarse a buen efecto en el corto plazo pues las obligaciones de amortización de deuda pública se concentran en el primer semestre.

Creo que —ante la urgencia— se debería aprobar en muy poco tiempo la colocación durante este año de los $1.500 millones de bonos en el mercado internacional.

Se ha criticado con razón que el Programa Macroeconómico del BCCR 2019-2020 convierte parte de ese endeudamiento externo en un incremento de las reservas internacionales de $1.018 millones que es caro e innecesario. Estoy de acuerdo, pero como me comentó el CEO de la Bolsa de Valores José Rafael Brenes eso se soluciona fácilmente pagando anticipadamente el préstamo de FLAR en que incurrió el BCCR para fortalecer sus reservas.

PhD. Miguel Angel Rodríguez Echeverría

Socio Consultor Ecoanálisis



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