Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 30 Abril, 2015

“Peor que un tonto con iniciativas es un tonto que logre hacerlas prosperar”, espetó el eximio literato (Beto Cañas)


De cal y de arena

“Cocorí”, víctima de complejos

“Cocorí”, ¿compendia prejuicios raciales, agraviantes a la población negra? Para unos sí. Para otros no. El punto, sin embargo, con todo y lo trascendente que incuba, no es lo fundamental. La humanidad se ha enriquecido con una caudalosa cantidad de obras literarias de muy diversa inspiración y orientación marcadas por un sesgo, por una tendencia que puede ser manifiesta u oculta, no importa, cuya presencia en el vasto arco de obras literarias es también parte de la existencia de un mundo de libertades que permite la expresión del pensamiento y la libertad para difundirlo.
Si abrimos la puerta a la exclusión de una obra literaria, de una pintura, de una expresión musical porque en su inspiración y en su concreción se traza un ánimo agraviante hacia una comunidad social o política, estaríamos legitimando la arbitrariedad de la autoridad que toma la decisión de prohibir o de excluir simplemente porque ese es su criterio y porque aplicar la censura es potestad derivada de la ley.
Esa es la ruta de la Santa Inquisición, de las órdenes de “vestir” las partes nobles de las figuras humanas presentes en las grandes obras pictóricas o la de las presiones para “archivar” a Richard Wagner.
Yo no quiero vivir en una sociedad condicionada por la intolerancia ni el maniqueísmo. Entiendo la vulnerabilidad del niño ante el mensaje persuasivo de su maestro y tengo claro que todos hemos pasado por esos tramos de la vida y que con el paso de los años y la maduración de los procesos propios del desarrollo, llegamos a alcanzar capacidad para separar la paja del grano, para poner en su exacta dimensión las páginas que escribió el más calificado literato nacional en “Cocorí”, Joaquín Gutiérrez, del mismo modo que llegamos a ganar capacidad para precisar cuánta verdad hay en las versiones que se nos inoculan en las clase de religión, catecismo en mano.
Es muy preocupante la deriva hacia la intolerancia y el maniqueísmo que está manifestándose en nuestra sociedad, propia de los tiempos de la confrontación social y política que yo tenía por superados. Yo viví (y muy descarnadamente cuando me desempeñé como periodista en un diario nacional) los tiempos en que se proscribía de sus páginas y “se remitía a Siberia” a los comunistas y a sus diletantes. Eran los años de la proscripción ideológica impuesta por norma constitucional. No fue fácil removerla; su remoción, empero, no significó la extinción de sus líneas inspiradoras: así fue cómo en 2003 “Cocorí” fue retirado por el Ministerio de Educación de la agenda de obras de lectura obligatoria y cómo hoy se le ha retirado el patrocinio a un musical alusivo. Reaparecen, así, los días de cenizas y nubarrones, de vientos de fronda que empujan a nuestras costas las corrientes de intolerancia y de maniqueísmo que han sumido a otros pueblos en la fratricida confrontación, con cierto tipo de funcionarios sorpresivamente llegados al poder a saciar complejos con la arbitrariedad en la mano.
“¿Qué cosa es peor que un tonto con iniciativa?” preguntó la periodista Any Pérez al inolvidable don Beto Cañas. “Peor que un tonto con iniciativas es un tonto que logre hacerlas prosperar”, espetó el eximio literato.

Álvaro Madrigal