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Instalación de rejas y no dejar la casa sola son las previsiones más comunes adoptadas por los costarricenses
Ciudadanos prefieren medidas preventivas contra delincuencia

• Solo un 6% de la población asegura contar con un arma de fuego para defenderse del hampa

Pablo Mora
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Aunque las estadísticas de delitos cometidos indican que Costa Rica es un país mucho menos seguro que hace una década, lo cierto es que la mayoría de los ciudadanos se niegan a responder a la violencia con más violencia.
De hecho, las medidas tomadas para mantener la seguridad de la casa son mayoritariamente preventivas, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana 2006.
Por el contrario, aquellas estrategias de protección que implican agredir a un posible criminal son dejadas de lado por la mayoría de la población, pese a que la cantidad de armas registradas en el país aumenta año con año.
Ante ello, seis de cada diez encuestados afirmaron que su hogar contaba con portones de seguridad en su perímetro.
Por otra parte, casi a la mitad de las personas les disgusta la idea de dejar la casa sola, por ello procuran que siempre haya alguien dentro para vigilarla y dar la voz de alarma en caso de ser víctimas de un saqueo.
La adquisición de perros guardianes es otra de las posibilidades adoptadas por un 38% de los encuestados para mantener el hampa al margen, mientras que dos de cada diez prefirieron comprar cerraduras especiales para puertas y portones.
Sin embargo, cuando las medidas implican confrontarse con los delincuentes, estas pierden su popularidad.
Por ejemplo, solo un 13% vive en un barrio organizado contra el hampa, un 11,5% llevó cursos de defensa personal, la seguridad privada en el barrio fue considerada por apenas un 8,3% y únicamente el 6% adquirió un arma de fuego.
Estas últimas cifras podrían sorprender si se toma en cuenta que la sociedad observa cómo la delincuencia se acrecienta, ya sea a través de los medios de comunicación o por experiencias personales.
“El costarricense tiende a anticipar la violencia. Seguimos actuando para proteger nuestros bienes, de forma que se dificulte el hecho delictivo. Sin embargo, la seguridad humana implica derechos y deberes que dependen de la reducción de la pobreza, pero sobre todo de la exclusión social”, dijo Jorge Delgado, de la Dirección General para la Promoción de la Paz y la Convivencia Ciudadana.
Además, contar con cierto nivel cultural y educativo, así como cierta confianza que los costarricenses le siguen manifestando al sistema judicial, serían dos de las razones por las cuales la población prefiere evitar el delito a enfrentarse directamente al criminal.
“La gente por lo general prefiere evitarse el problema de tener que enfrentar un proceso judicial y elige dejar que las instituciones correspondientes se encarguen de la represión y el juicio. Algunos prefieren adquirir un arma, aunque un estudio del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) demostró que las posibilidades de herir o matar a alguien accidentalmente aumentan 2,7 veces cuando se opta por una medida como esa”, mencionó Delgado.

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