Cincuenta años de guerra civil contados por los colombianos
Imagen con fines ilustrativos. Shutterstock/La República.
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Los colombianos votan el domingo sobre si aceptan un acuerdo de paz bajo el cual las guerrillas marxistas entregarían sus armas a las Naciones Unidas a cambio de escaños en el Congreso, una reforma agrícola y la reducción de penas por los delitos. Según las encuestas, los votantes aprobarían el acuerdo.

Prácticamente todos los colombianos se han visto afectados por el conflicto con la guerrilla, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC, de una manera u otra. A continuación, cuatro relatos.

La esposa

Fabiola Perdomo estaba hablando por teléfono con su marido, Juan Carlos Narváez, cuando a él lo secuestraron, diciendo que era el ejército y que debían evacuar por una amenaza de bomba. No se trataba del ejército, sino de guerrilleros de las FARC disfrazados de soldados.

Pasó cinco años en la selva como rehén hasta que por una confusión, Juan Carlos y otros legisladores fueron muertos por los guardias.

Este mes, Fabiola viajó a Cuba, donde se llevaron a cabo las conversaciones de paz entre las FARC y el Gobierno, para escuchar las disculpas de los líderes de la guerrilla. Fabiola y su hija van a votar por el “sí” el domingo. Votar por el no, dice es “dolor, tristeza, pérdida, guerra, muerte. Mientras que el ‘sí’ es esperanza”.

La rehén

Nohora Tovar conducía desde Bogotá a su casa en Villavicencio, cuando una camioneta le cerró el paso y cuatro hombres armados le pidieron el auto. Tovar fue víctima de la llamada “pesca milagrosa”, una práctica muy difundida, mediante la cual la guerrilla detenía a personas para luego determinar quiénes eran y si podían pedir un rescate.

Para evadir el ejército, las FARC obligaron a Tovar y a otros rehenes a marchar peligrosamente de noche por la montaña. Exigieron luego un rescate de US$1,3 millones que su marido negoció con uno de los comandantes. Finalmente la dejaron ir después de casi cuatro meses. Ahora senadora por el Partido del Centro Democrático del ex presidente Álvaro Uribe, Tovar hace campaña por el “no” en el plebiscito. Se opone firmemente a la idea de que los ex comandantes de las FARC accedan a asientos en el Congreso. “Es lamentable que el gobierno nos ponga al mismo nivel que estos bandidos narcoterroristas”, dice. “Es una humillación”. 

El soldado

El Teniente Camilo Castellanos y sus hombres habían pasado cinco días dentro de territorio de las FARC como parte de una misión. Se movían sólo por las noches en una región productora de cocaína. Al tratar de obtener un punto mejor de observación activó una mina. Perdió una pierna y le amputaron la otra.

Ahora practica natación con la ayuda de Matamoros Corporation, una organización sin fines de lucr86o que rehabilita a soldados y ha entrenado a varios miembros del equipo paralímpico de Colombia. El ejército, en tanto le paga los estudios de contaduría.

Como miembro de las fuerzas armadas no puede votar o expresar su opinión respecto del referéndum, pero dice que “todo comienza con el perdón”.

La guerrilla

Franco García creció en el corazón de las FARC en un distrito excluido en la provincia de Caquetá, al sur de Colombia. Nacido dentro de una familia de pequeños agricultores muy pobres, nunca concurrió a la escuela.

Los guerrilleros que controlaban la zona les decían que el Estado los había abandonado, lo que él, por su propia experiencia, confirmaba. Se unió a las FARC cuando tenía 20 años, siguiendo a su hermano mayor que lo había hecho cuatro años antes y a quien volvió a ver recién cuando se alistó.

García, ahora con 35 años, planea, luego de entregar su rifle, completar la educación que recibió en las FARC y permanecer en el movimiento hasta tanto este se transforma en un partido político legal. “Dejamos las selvas, las montañas, pero no vamos a desintegrar el grupo, vamos a estar más unidos, porque continuaremos la lucha política”, dice.

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