Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 25 Agosto, 2014

Que este gobierno marque un cambio en la forma de gobernar. Démosle chance


Cien y una noches

El desencadenante de “Las mil y una noches” lo conforman tres mujeres infieles: la esposa de Schazamán, rey de Tartaria, la de su hermano Schariar, que lo engaña con un esclavo negro y la de una dama secuestrada por un genio. Moraleja del primer capítulo: por más rey, sultán o genio que seas te pueden poner los cuernos.
Las esposas de los hermanos mueren decapitadas por sus cónyuges así como la mayoría de las mujeres del reino que son esposas por una noche del sultán Schariar. Hasta que a la hija del visir, Sherezade, le toca compartir lecho nupcial por una noche con el resentido cornudo. Inteligente como muchas, decide contarle un cuento inconcluso cada noche para evitar su muerte. Casi tres años y dos hijos después lo logra, y son felices para siempre ¿?
Cien días con sus cien noches son apenas el 10% de lo que Sherezade requirió para sobrevivir. Nuestro Presidente aún sobrevive, no contándonos cuentos, viendo como son “decapitados” algunos fieles e infieles.


No le ha resultado fácil (a Sherezade tampoco) y estoy segura que ambos sabían, más o menos, que se enfrentarían a una situación sumamente difícil y tratar de no morir en el intento.
Lo del abogado que cobró casi ¢300 millones al Partido Acción Ciudadana (PAC) para autenticar firmas ante el Tribunal Supremo de Elecciones cuando, al parecer, esto era innecesario (además de estar cuestionado por supuestos cobros notariales no justificados ante la Caja Costarricense de Seguro Social) no es culpa del PAC, pero sí, hasta cierto punto, responsabilidad de algunos mandos medios del partido.
Lo del estratega publicitario que cobró “premios” por muchos millones de colones por los resultados de la primera y segunda ronda, habla de la inseguridad y la ingenuidad del PAC. No los culpo: nadie creía que Luis Guillermo iba a ganar. Pero así iba a ser. Y no ganó por la campaña publicitaria sino por un sinnúmero de factores que se venían gestando desde la creación de ese partido que originalmente lideró Ottón Solís. El “relacionista público” en cuestión al parecer carece de esa especialidad, según se lee en sus declaraciones.
Lo de la religión, para una atea como yo, me da pereza y me cuesta demasiado tomar partido de manera objetiva. Que si los católicos o los protestantes; que si pueden tener puestos públicos, que si ahora los luteranos… Sí, estoy a favor del Estado laico.
¿Y antes? ¿Cuándo nos gobernaban los partidos, entonces, tradicionales? Los estrategas de campaña ¿cuánto cobraban? Las agencias de publicidad hacían su agosto. ¿Y los cientos de abogados que, sin duda, se llenaban los bolsillos?
Si Sherezade necesitó de mil y una noches para no morir, Joaquín Sabina tardó 19 días y 500 noches en “aprender a olvidarla”.
Espero que Luis Guillermo no “muera” políticamente hablando antes de que pasen mil y una noches y que logre “olvidar” a sus detractores, en menos de 500 noches. Es más: lo que aún deseo es que este gobierno marque un cambio en la forma de gobernar. Démosle chance.

Claudia Barrionuevo
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