Alberto Cañas

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Sábado 3 Mayo, 2014

Que al terminar el siglo Solís ocupe, entre los presidentes de estos cien años, por lo menos el lugar que se le ha señalado a Alfredo González


Chisporroteos

Abril, 1914.- La elección presidencial no había tenido un resultado contundente. Ningún candidato obtuvo mayoría absoluta (mitad más uno) de los votos que la Constitución de entonces exigía. El Congreso habría de elegir entre los dos candidatos que habían obtenido mayor número de voto: Máximo Fernández y Carlos Durán. Era evidente que las clases acomodadas le tenían pavor a Fernández, a quien consideraban un agitador peligrosísimo.
Esto las inclinaba hacia Durán. Pero Fernández tenía mayoría en el Congreso y la tendría en el Congreso de mayo, que había de hacer la elección. De pronto, sin previo aviso, Fernández dio su golpe: renunció a la candidatura. El expresidente Rafael Yglesias, que había quedado de tercero en la elección de diciembre, pretendió que la renuncia de Fernández lo rehabilitaba a él, pero hubo prácticamente un consenso que decidió que Yglesias estaba totalmente eliminado.
Así las cosas, la solución habría de darla el Congreso de mayo, al nombrar, puesto que no hubo elección, los tres Designados que le tocaban y llamar inmediatamente al primero de ellos a asumir la presidencia el 8 de ese mes. Negociaciones y conversaciones de todo tipo comenzaron a celebrarse, en busca del primer Designado que se nombraría el primero de mayo. Máximo Fernández no participó directamente en las mil y una conversaciones entre diputados presentes y futuros que hubo en esos días, pero apoderados suyos lo hicieron.
Al fin se supo que Fernández apoyaba la candidatura de un joven abogado herediano, diputado que terminaba su período el 30 de abril, y que se había lucido como uno de los legisladores jóvenes más capacitados. Su nombre, Alfredo González Flores.
Los fernandistas tendrían en el nuevo Congreso una mayoría similar a la que tenían en el Congreso saliente, y gestionaron con el presidente Ricardo Jiménez que pusieran los cuarteles en poder de militares afines con la solución que se había encontrado.
Le fue muy criticado a don Ricardo que accediera, pero su conducta, en medio de todo, fue legal y constitucional. El hecho es que Alfredo González fue nombrado Primer Designado a la Presidencia, y llamado a ejercerla por la ausencia de un presidente popularmente elegido. Varias encuestas realizadas en 1999 tuvieron como resultado declarar a José Figueres como el hombre más importante del siglo XX, y Alfredo González como el que le seguía en importancia.

Abril 2014.- La elección presidencial no dio a ningún candidato la mayoría que la Constitución prescribe. Una segunda elección, a celebrarse en abril, debía escoger entre los dos candidatos que obtuvieron mayor número de votos: Luis Guillermo Solís y Johnny Araya. Pero este último, inopinadamente, no renunció porque eso no está contemplado en la ley actual, pero de hecho se retiró de la campaña, aunque partidarios suyos hicieron una campaña leve, leve principalmente —se dijo— por falta de fondos.
La segunda elección en abril la ganó Solís por una mayoría aplastante y tomará posesión la semana entrante. Lo que todos esperamos, y este columnista con más fuerza que nadie, es que al terminar el siglo Solís ocupe, entre los presidentes de estos cien años, por lo menos el lugar que se le ha señalado a Alfredo González como uno de los dos más importantes del siglo XX. Su inteligencia y su conducta, en campaña y después de ella, le indican al autor de esta columna, ese resultado como probable.


Alberto F. Cañas