Alberto Cañas

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Sábado 11 Enero, 2014

De llegar el señor Villalta al poder, nos preguntamos si seguiría sosteniendo ante el gobierno de Nicaragua las posiciones que han tenido los gobiernos de Costa Rica


Chisporroteos

Si cualquier costarricense fallecido antes del siglo XXI resucitara y viese lo que los ticos de hoy estamos viendo, llegaría a la conclusión de que todos nosotros, o él, estamos locos. Simplemente se negaría a creer que estamos en una campaña presidencial y que las elecciones tendrán lugar dentro de tres semanas.
Hace unos meses se me ocurrió que lo que le estaba haciendo falta a la campaña que estamos viviendo, eran las banderas partidistas que en otras épocas de campaña adornaban los techos o ventanas de las casas y convertían a nuestros poblados en pintorescas exclamaciones coloridas de partidarismo político.
Sigo creyendo que algo de razón tuve y que el colorido de las banderas está haciendo falta.
Algo ha ocurrido que pudo levantar los ánimos, y fue el temor que desató en muchos círculos la cercanía política (y no está nada claro si ideológica) del candidato Villalta con el demagógico gobierno que hay en Venezuela y que según parece le pasa al de Nicaragua algo que se parece mucho a una pensión alimenticia.
Las curiosas relaciones (de algún modo hemos de llamarlas) que el gobierno nicaragüense sostiene con el nuestro, despertaron aquí cierto resquemor.
De llegar el señor Villalta al poder, nos preguntamos si seguiría sosteniendo ante el gobierno de Nicaragua las posiciones que han tenido los gobiernos de Costa Rica desde que entró en el terreno de lo polémico la punta de nuestro extremo noreste, que el inefable gobernante nicaragüense pretende reclamar como de su patria, violando todos los tratados, la lógica y la inteligencia humana.
En lo que a mí, personalmente, atañe, las cuestiones fronterizas con Nicaragua son lo único que me preocupa, pero de verdad me preocupa, del candidato señor Villalta, pues sus declaraciones sobre ese particular no han sido nada claras y nada contundentes. Por lo demás, las cosas van tranquilas, aunque sin banderas.
Por lo demás, la campaña electoral ha sido tranquila, con respeto entre los candidatos y aunque tengamos todavía una cantidad sin precedentes de ciudadanos que afirman no haberse decidido aún, situación ésa que Costa Rica nunca había presenciado y que no sabemos si atribuirla a desilusión (grave) o a desinterés (gravísimo), y les quedan a los candidatos contados días para sacar de su sopor a los ciudadanos que no se han despertado.

Alberto F. Cañas