Alberto Cañas

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Sábado 27 Julio, 2013

El desarrollo literario de esta escritora ha marcado una progresiva introspección, de la que nunca se separan las preocupaciones sociales que fueron el eje central de sus inicios. Pero su literatura ha venido siendo progresivamente introspectiva, como toda buena literatura, que es una entrega personal


Chisporroteos


Julieta Pinto va a ser objeto de un homenaje que tiene muy merecido. Una escritora más bien silenciosa, que no se prodiga ni se procura publicidad, pero que tiene a su haber una obra literaria de valor y originalidad que está llamada a perdurar.
Comenzó su carrera con cuentos que mostraban una preocupación profunda por el destino de la gente pobre, pero en los cuales la personalidad de la autora prácticamente no aparecía.
El iniciar una carrera literaria con preocupaciones de orden social es lo normal. Y los primeros cuentos de Julieta Pinto, dentro de la literatura costarricense, figuran como ejemplos de calidad dentro de una temática ya un poco trillada.
El desarrollo literario de esta escritora ha marcado una progresiva introspección, de la que nunca se separan las preocupaciones sociales que fueron el eje central de sus inicios. Pero su literatura ha venido siendo progresivamente introspectiva, como toda buena literatura, que es una entrega personal.
Conforme pasaba el tiempo y maduraba su juicio, la obra de esta escritora se ha venido haciendo, repito, más introspectiva. Y aún novelas aparentemente tan objetivas como la que dedicó a su antepasado Tata Pinto, revelan a la autora en cada línea, y es ésta, curiosamente una novela muy personal, muy íntima, a pesar de la edad de su tema.
Me uno, como escritor y como individuo a este homenaje que se le rinde, y expreso mi deseo de que con la vitalidad que la caracteriza, nos dé más muestras de su talento y de su madurez, para regocijo y festejo de la literatura costarricense.

Alberto F. Cañas