Alberto Cañas

Enviar
Miércoles 13 Marzo, 2013

Construir un enorme estadio en La Sabana, fue, en nuestros días, lo que habría significado cincuenta años atrás construirlo en el Parque Central, frente a la Catedral


CHISPORROTEOS

Mi respetado colega Gaetano Pandolfo me ha hecho una alusión que, aunque no me nombra, es evidente a quien se refiere, y paso a responderle esperando se convenza de que no tuvo razón en lo que me dijo.

Me atribuye el haberme opuesto a la construcción del enorme Estadio Nacional, pero se reserva el decir por qué me opuse y en qué términos. Una ley de mayo de 1998 prohíbe hacer construcciones en La Sabana. Ni más ni menos. Pero un salacuartazo de esos que hacen temblar la tierra dispuso que tumbar un edificio viejo y construir en el mismo sitio uno nuevo no es construir, y autorizó así (legislar se llama esta figura) la construcción de un edificio nuevo en La Sabana, contra lo dispuesto por la ley.

Quienes nos opusimos, no al edificio sino a su ubicación, teníamos en mente, desde algunos años antes, una propiedad pública de unas 15 manzanas de extensión, sita al sur de La Sabana, entre La Sabana y una de las ciudadelas de Hatillo. Desde la época en que fui por última vez diputado, el alcalde de San José Johnny Araya y yo conversamos sobre la posibilidad de construir en esas 15 manzanas (propiedad municipal en parte, y en parte del INVU), ese parque deportivo, ese estadio, para que La Sabana se mantuviera como lo que desde hace un tiempo es; el verdadero Parque Central de San José como sitio de esparcimiento y diversión y no de espectáculos deportivos o de alaridos, que tanto monta.
La complicidad de la Sala Cuarta y su inmortal sentencia: construir donde hubo construcción antes no es construir, permitió entonces ubicar en la propia Sabana el mamotreto que hoy no deja dormir a los vecinos (Arias incluido y que con su pan se lo coma), y de paso privó a la capital de un auténtico parque deportivo con estadio, piscina, y canchas de futbol y para otros deportes.
Ese parque deportivo ya no se hará nunca, y La Sabana seguirá escuchando a todo volumen, arias de ópera, y de opereta para desvelo de los vecinos de Sabana norte y de Sabana oeste.

Eso es todo. Muy fácil de entender y muy fácil de defender. Construir un enorme estadio en La Sabana, fue, en nuestros días, lo que habría significado cincuenta años atrás construirlo en el Parque Central, frente a la Catedral.

No hay nada peor que las cosas irremediables, y estamos ante una de ellas.

Alberto F. Cañas