Alberto Cañas

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Miércoles 20 Febrero, 2013

Ojalá que los diputados, al elegir al sucesor de don Luis Paulino, lo hagan con la mirada puesta en la Patria y en la necesidad de que sea un profesional que se le equipare en talento y fuerza moral


CHISPORROTEOS

 

El fallecimiento del Presidente de la Corte Suprema de Justicia don Luis Paulino Mora es una pérdida para el Poder Judicial. Se trata de uno de esos funcionarios ejemplares que sirven a la justicia y al país desempeñando sus funciones con seriedad, y con la mirada puesta, ante todo, en el prestigio de la posición que desempeñan.
No fue don Luis Paulino de esos funcionarios que buscan titulares de periódico e informaciones cotidianas sobre ellos. Fue un juez silencioso. Versado en su ciencia y totalmente ajeno a las pasiones que se desatan casi matemáticamente en torno a los asuntos cuya resolución corresponde a la Sala Constitucional.

El que la presidencia de la Corte recayera, en el caso concreto del Lic. Mora en un magistrado de la más polémica y publicitada de las salas que la conforman, hizo más delicada aún la posición del Lic. Mora, y a fe que salió de ese compromiso con su prestigio intacto, pues siendo el primer Presidente de la Corte que no lo era automáticamente desde la sala de Casación, tuvo que conocer de asuntos muy polémicos, con frecuencia escandalosos, siempre bajo el ojo avizor de la prensa, y muy a menudo seguidos pie a pie por periodistas escandalosos. De todas estas contingencias salió don Luis Paulino exonerado, y el prestigio de la sala que presidía intacto.
No nos gustan a los costarricenses los funcionarios judiciales que buscan publicidad y la disfrutan. Preferimos a los que trabajan en silencio. Don Luis Paulino ha sido uno de los más silenciosos presidentes que ha tenido nuestro poder judicial. Pero al mismo tiempo el más cuidadoso, el más observador Presidente de la conducta de sus colegas y de sus subalternos, y el más vigilante sobre los tribunales inferiores, de los cuales, naturalmente, es de donde van saliendo casi siempre, no siempre, los nuevos magistrados.
Es de esperar que la Asamblea Legislativa se olvide por unos días del permanente bochinche en que vive, y proceda a nombrar al nuevo magistrado que sustituirá a don Luis Paulino en la Presidencia de la Corte, con la seriedad y la conciencia que el país espera y necesita. Ciertas anécdotas que en la Corte se han protagonizado y en la prensa comentado, no han disminuido el prestigio que nuestro Poder Judicial mantiene intacto. Ojalá que los diputados, a la hora de elegir al sucesor de don Luis Paulino, lo hagan con la mirada puesta en la Patria y en la necesidad de que quien lo sustituya sea un profesional que se le equipare en talento y fuerza moral.

Alberto F. Cañas