Alberto Cañas

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Miércoles 6 Febrero, 2013

Es indudable que la manera de hacer política ha cambiado radicalmente aquí en los últimos veinte o veinticinco años, no para bien sino para mal, para peor, para pésimo


CHISPORROTEOS

Siguen apareciendo más y más pre-candidatos a la Presidencia de 2014. Los que no aparecen son los partidarios de esos pre-candidatos, mejor calificables como auto-candidatos aunque la inmensa mayoría de ellos no van en auto sino en carreta, y en más de un caso carreta sin bueyes.

En épocas no muy pasadas, lo que aparecía era un grupo numeroso o no de ciudadanos bien conocidos y de prestigio, que proponían la candidatura de éste o de aquel (que generalmente no se aguantaba las ganas, pero se cuidaba), y ese pre-candidato, desde que aparecía, ostentaba un estado mayor en el que podían vislumbrarse diputados y ministros para el eventual gobierno del propuesto.

En los días que hoy vivimos, los auto-candidatos están tocando puertas, llamando timbres y ofreciendo ministerios, curules y hasta embajadas, con lo cual anuncian que, de prosperar sus ambiciones, ya el gobierno está hecho... y no será seguramente superior a los últimos dos, tres, cuatro o cinco que hemos padecido.

Es indudable que la manera de hacer política ha cambiado radicalmente aquí en los últimos veinte o veinticinco años, no para bien sino para mal, para peor, para pésimo.

Muchos, muchísimos jóvenes (lo sé porque todavía doy clases en una universidad y converso con mis alumnos, se preguntan en dónde está la gente capacitada y preparada para gobernar honestamente.

Y antes de responderles les comunico que la pregunta que ellos se hacen es la misma que me hago yo. Y la respuesta que cada vez encuentro es que en Costa Rica no existe una tradición que indique que los mejores gobernantes hayan salido del Poder Legislativo... aunque hayan pasado de previo por él, que es harina de otro costal.

Los cuatro gobernantes del siglo XX que salieron triunfadores en las encuestas que hizo La Nación en 1999, a saber y en ese orden: José Figueres, Alfredo González, Ricardo Jiménez y Cleto González Víquez, el primero no fue diputado nunca, y los otros tres lo fueron sin que de ellos sólo Ricardo Jiménez se distinguiera notablemente, y eso únicamente la primera de las tres veces que lo eligieron diputado.

Es posible que el arismo no haya logrado expulsar de las autónomas a todos los gerentes y presidentes excepcionales que han pasado por ellas, y que todavía queden en algunas personajes de primera línea que no están haciendo ruido. Y muy probable que en las distintas universidades estatales estén refugiados muchos políticos capaces y honestos que han sido arrinconados por algún gobierno posterior a 1990. (Tentado estoy de tirar un poco hacia atrás esa fecha, y de deslizar alguna excepción posterior a ese año, pero me aguanto las ganas).

Alberto F. Cañas