Alberto Cañas

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Miércoles 31 Octubre, 2012

CHISPORROTEOS


Ahora, cuando ya se comienza a hablar de candidaturas con un poco más de seriedad, recibo una comunicación firmada por una persona a quien no conozco y que de paso me pide no revelar su nombre, que me parece no sólo muy original sino también muy útil y plausible. Se basa en el sabio dicho de que la historia es la mejor maestra, y paso a explicarla.
Sostiene mi corresponsal, que a su juicio el más difícil problema que confronta actualmente la oposición es el de encontrar un candidato presidencial único y dónde buscarlo.

Entonces recuerda lo que sucedió en 1966, cuando la presidencia de Daniel Oduber parecía inevitable (y nosotros, sus partidarios, felices), y la oposición se unió y la evitó, cosa rara, con un candidato totalmente desconocido políticamente: José Joaquín Trejos.

En este momento, es evidente que si los partidos de oposición se unen, como en 1966, pueden fácilmente derrotar a un Liberación sumamente debilitado. Pero siendo numerosos los partidos de oposición, habría, primero que decidir cuál de ellos pondría el candidato, o cómo se haría una sola gran convención oposicionista, la cual evidentemente la ganaría el partido de oposición mayor. Ni soñar que se permita participar en ella a los liberacionistas, agrego yo.

Pero puede haber un nuevo José Joaquín Trejos, dice mi corresponsal, y a él le parece que ese nuevo Trejos (como el viejo), bien puede estar en una de las universidades, y sin participación en la política.

A mi corresponsal se le ocurre darme dos ejemplos, y se reserva, dice, los nombres de tres más: la reciente rectora de la Universidad Nacional, Sonia Marta Mora, y el actual rector de la Universidad de Costa Rica. Ni él ni yo sabemos a cuál partido de oposición se afilian, ni siquiera si están afiliados a la oposición.

Un convenio a alto nivel entre los partidos de oposición sobre un candidato como los citados, resolvería el problema. Y los dos vicepresidentes correspondería ponerlos a los dos partidos mayores de la oposición, salvo que el candidato presidencial perteneciera a uno de ellos, lo que le daría oportunidad a un tercero. Cada partido de oposición estaría en libertad de hacer su propia lista de candidatos a diputados, de acuerdo con sus propios estatutos. Y de ganar las elecciones, (no lo dice mi corresponsal pero lo agrego yo de mi cosecha), el presidente electo debe tener absoluta libertad de integrar su gabinete.

Hago pública esta idea, sin haberla estudiado suficientemente y por lo tanto sin endosarla totalmente desde ahora, porque considero sano y necesario que se discuta, si no públicamente, al menos entre los personeros de los partidos de oposición.

Alberto F. Cañas