Alberto Cañas

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Sábado 22 Marzo, 2014

Los que ganaron la elección inicial, están moralmente obligados a sostener esa victoria, porque los derrotados están activísimos, aunque no se preocupen de enseñar más a su candidato ni de que nadie lo vea


Chisporroteos

Nadie diría que estamos a dos semanas de una elección presidencial.
Uno de los candidatos no participa, y quien se muestra activo es el aspirante a la primera vicepresidencia, sin que pueda nadie explicarse qué se proponen.
El otro se mueve por todo el país, empeñado como lógicamente está en incrementar la mayoría que obtuvo en la elección inicial.
Pero han desaparecido de los periódicos las páginas de propaganda política.
El asunto se hace ahora en otros medios y ya no existen aquellas páginas diarias que le significaban a un periódico ingresos de 10 a 15 millones (cuando no una condena de parecida suma en los tribunales de justicia, como le pasó a La Nación después de la campaña entre Trejos y Oduber).

La propaganda política se ha hecho esta vez por otros medios, novedosos y desconocidos hasta ahora, pero que parecen tener una efectividad muchas veces mayor que las páginas de prensa.
El que quiera ver propaganda política debe encender su televisor y buscarla allí.

Esto es un cambio radical. Y presumo que definitivo. Después de ésta, las siguientes campañas electorales, dentro de cuatro, dentro de ocho, dentro de doce años y así sucesivamente, serán, entre otras características, de muchísimo menor costo para los partidos, y sobre esto ni vuelta de hoja, lo cual las hará más democráticas.

El punto es que ahora nadie se quede sin votar. Los que ganaron la elección inicial, están moralmente obligados a sostener esa victoria, porque los derrotados están activísimos, aunque no se preocupen de enseñar más a su candidato ni de que nadie lo vea.

La experiencia de este año aconseja una reforma a la ley electoral. Cuando haya que repetir un elección como en este año, ha de hacerse lo más inmediatamente que sea posible, para evitar gastos de energía y de dinero.
Lo más dos semanas después de la elección que no tuvo resultado definitivo.

Porque una elección puede decidirse en febrero, y no hay necesidad de llevar la decisión hasta abril.

Alberto F Cañas