Alberto Cañas

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Miércoles 29 Enero, 2014

Esta campaña, que culminará con la elección del domingo, es en el fondo y si bien se mira, una demostración de madurez


CHISPORROTEOS

Escribo estas líneas a cinco días de una elección presidencial. Y no creo que en los ciento noventa y pico años de independencia que lleva vividos nuestro país, se haya visto lo que estamos viendo hoy: una frialdad que raya en lo helado, ante la decisión que todos tenemos que tomar el próximo domingo, de escoger al ciudadano que va a gobernar a nuestra patria durante los próximos cuatro años.
Algunos creen que esa frialdad es desilusión, que los desastrosos dos gobiernos últimos han enfriado el calor con que los costarricenses hemos enfrentado nuestras elecciones.


Pero no me parece que ocho años de gobiernos deficientes basten para enfriar a los ciudadanos de un país que tradicionalmente ha tomado con interés, con emoción y con entusiasmo la regular renovación de los poderes públicos.
Se dice que en ciertos círculos juveniles el enfriamiento se atribuya a la convicción que algunos muchachos profesan de que cualquiera sea el resultado de la elección las consecuencias serán las mismas.
Pero ese enfoque es tan violentamente equivocado que no es posible generalizarlo a todo lo ancho de la nueva generación. Algo más ha de haber.
Por otra parte, los candidatos se han presentado todos como gente tranquila y entre ellos no se ha visto ningún demagogo, lo cual es, a mis ojos, más bien señal de madurez política nacional.
El país no produce políticos escandalosos; lo que vemos, y esto es señal de madurez nacional, me parece extraño que lo quieran ver como la causa del enfriamiento que todos hemos palpado.
Hay en esto una tremenda contradicción.
En todo caso, es de pensar que la calma con que todo esto se está desarrollando sea una señal de madurez más que de frialdad.
Un recorrido mental por los países democráticos de Europa y de América, nos puede llevar a la conclusión de que cuanto más maduro es el país más tranquilas son sus campañas electorales y menos gritones sus políticos.
Los encuentros que los candidatos viables han tenido repetidamente en las últimas semanas, confirman esta apreciación.
No han sentido necesidad de atacarse en lo personal, y le han dado al país un ejemplo de recíproco respeto. Apoyar a un candidato no ha significado para el común de los costarricenses enemistarse con los otros ni tenerlos por bandoleros.
Resumen: somos más civilizados de lo que creemos, y tan civilizados como nos creen. Y esta campaña que culminará con la elección del domingo, es en el fondo y si bien se mira, una demostración de madurez.
Creo que todos, sin distinción de partidos políticos, podemos sentirnos orgullosos de ser costarricenses.

Alberto F. Cañas