Alberto Cañas

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Sábado 23 Noviembre, 2013

El norteamericano, a diferencia del costarricense, no gusta de hacer manifestación pública de sus simpatías políticas, y esa es una de las muchas cosas que no debemos copiarle a su país


Chisporroteos

El comunicado del Tribunal Supremo de Elecciones que apareció en la prensa en estos días, y que es respuesta a insistencias de esta columna, le ha caído de sorpresa a muchísima gente, no solo a este servidor de ustedes que venía protestando de que el TSE se negara a reconocer como gastos de campaña válidos, algunos que han dado carácter a nuestras campañas políticas, como las banderas con que la gente adornaba sus casas y otras manifestaciones externas del mismo jaez, y que ahora sabe que sus protestas no estaban bien fundadas ya que el TSE niega que el cargo que le hacíamos fuese fundado.

Afirmé lo que afirmé en varias columnas, porque en conversaciones que sostuve con personeros de distintos partidos políticos, incluido el mío, todos coincidieron en afirmar que el TSE se negaba a reconocer como gastos válidos de campaña esos a que me he referido.

Si no es así debo celebrarlo. Y espero que los partidos políticos tomen nota de lo que el TSE ha dicho, y volvamos a tener una campaña colorida y alegre como las de antes y no esa cosa fúnebre y vestida de negro que venimos padeciendo con mucho dolor de nuestros corazones de costarricenses orgullosos de su democracia y de las manifestaciones externas de ésta.
Ojalá todos, absolutamente todos los partidos políticos inscritos tomen nota de lo anterior, y podamos entonces los costarricenses presenciar, y participar en ella, una campaña vivaz, colorida, escandalosa si se quiere, como aquellas a las cuales se adherían y se agregaban millares de ciudadanos.
Una campaña completamente distinta a las que acostumbran los norteamericanos y que nos estábamos dedicando a copiar. A mí me ha tocado dos veces estar allí durante campañas presidenciales, y no ver ningún signo externo de que tales campañas existieran.
El norteamericano, a diferencia del costarricense, no gusta de hacer manifestación pública de sus simpatías políticas, y esa es una de las muchas cosas que no debemos copiarle a su país.

Los candidatos costarricenses actuales adolecen de no gustar de ese mínimo ingrediente de pequeña demagogia que forma parte de toda campaña electoral bien entendida. Ojalá la manifestación del TSE les quite la venda, y se decidan a hacer campaña política en serio, con proposiciones serias, como lo hacían los mejores de sus antecesores, para que nosotros vayamos a votar con el entusiasmo con que lo hacían los antecesores nuestros.

Alberto F. Cañas