Alberto Cañas

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Miércoles 20 Noviembre, 2013

Ha hecho mal, lo digo y lo repito, el TSE, al no reconocer las campañas de signos externos. Es grave. De seguir eso así, nos hundimos... si no es que ya nos hemos hundido


Chisporroteos

No me queda más remedio que insistir en algo que ya dije, aunque de nada va a servir porque por ahora ya es tarde. Pero creo necesario insistir hasta quedarse afónico. El Tribunal Supremo de Elecciones debe entender que su errónea disposición de no reconocer como gasto verdadero de campaña lo que los partidos destinan a banderas y manifestaciones externas, le ha quitado empuje a las campañas y no le conviene al país que las campañas sean tan pasivas, silenciosas y torpes como la que estamos padeciendo (y padecimos hace cuatro años).
Los signos externos que despiertan el entusiasmo de los votantes, han desaparecido por obra y desgracia del Tribunal Supremo de Elecciones.
Ojalá que para el 2017 puedan volver a aparecer.
Allá por las décadas de 1980 y 1990 las campañas electorales fueron verdaderos espectáculos coloridos, que entusiasmaban a los votantes.
El TSE deberá estudiar un poquito de psicología colectiva y analizar lo que fueron las mejores campañas de nuestra historia. El entusiasmo hay que despertarlo. Los candidatos mismos, ellos solos, no despiertan el entusiasmo. Recordemos la famosa campaña de 1975, cuando un desconocido, el profesor Trejos, merced a una campaña de propaganda sumamente inteligente (y sumamente hedionda también, lo que no es recomendable), logró derrotar a un político de primera línea como lo era Daniel Oduber.
Hay que fomentar los signos eternos, la expresión pública que el ciudadano hace de su partidismo, el colorido, el entusiasmo, la rabia si se quiere, todo caso cuanto contribuya a convertir una campaña política en una fiesta nacional.
Con campañas tristes como la de hace cuatro años y la actual, poco es lo que avanzamos, y terminaremos con que la gente (y no toda, cada cuatro años menos gente) se limitará a ir el día de elecciones a votar en silencio por alguien y a esperar en su casa enterarse de quién ganó, o si habrá que volver a votar en abril.
No hay nada más frío ni que despierte o muestre menos entusiasmo que una campaña presidencial en los Estados Unidos. Pensemos también que hay pocos países donde a las urnas concurra menos gente.
Ha hecho mal, lo digo y lo repito, el TSE, al no reconocer las campañas de signos externos. Es grave. De seguir eso así, nos hundimos... si no es que ya nos hemos hundido.

Alberto F. Cañas