Alberto Cañas

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Sábado 14 Septiembre, 2013

De la cantidad de gente que se quedó sin casa con motivo del terremoto que en enero cumplió tres años, y a quienes se les prometió una casa, no a todos se les ha cumplido


Chisporroteos


Yo sé que en materia de prioridades no hay absolutos, y que aún dentro del juego de nuestros gastos personales cotidianos, a veces le damos preferencia a uno que nos gusta, por encima de otro que nos es necesario o en todo caso más útil. Así nos ocurre a todos, y es de rigor confesarlo.

Pero en estos días, la euforia que se ha desatado en torno a la asistencia costarricense al campeonato mundial de futbol en Brasil, no ha logrado sacarme de la cabeza otra cosa, que tiene ya algunos años, y que aparentemente el país entero ha olvidado.
La cantidad de gente que se quedó sin casa con motivo del terremoto que en enero cumplió tres años, y a quienes se les prometió una casa y no a todos se les ha cumplido.
Dentro de un sistema de absolutas prioridades no he podido evitar el recuerdo de aquella tragedia nacional, y de pensar que en un sistema de prioridades, esas casas deberían venir antes de un campeonato de futbol que en todo caso no vamos a ganar salvo que el Espíritu Santo baje a ayudarnos.
Advierto que, aunque no concurro a estadios, el futbol me encanta y los juegos en que participa nuestra selección, si los pasan por TV, me apresuro a verlos. Pero no puedo evitar que por mi cabeza dé vueltas la idea de que los que se quedaron sin casa debieron venir primero.
A la larga, estas líneas son una pregunta sobre la gente que se quedó sin casa. Porque no hace mucho leí que faltaban casas por entregar allí.
Y naturalmente, esto, que es auxilio a costarricenses en desgracia, debería tener prioridad sobre diversiones que, en el fondo, no significan nada.
 

Alberto F. Cañas